El lujo de la tiza
Será porque he dejado de fumar y, al parecer, el tabaco era lo único que me mantenía atado a la cordura, pero lo cierto es que me asaltan ideaciones homicidas con cada vez más frecuencia. Por ejemplo, me pasa cuando alguien, por lo general en un Audi, conduce como si los demás fuéramos figurantes. Me pasa con los que escupen en público, con los que hablan por el manos libres o simplemente dan su opinión. También con los que me abordan, los que me interrumpen y con la mayoría de los que me saludan. Pero sobre todo me pasa con mis alumnos, a los que muchas veces degollaría. Luego no lo hago porque, tal vez a cuento de la cosmovisión premoderna, leemos a Manrique o nos demoramos en las truculencias de Valdés Leal y se les enciende el alma. Entonces recuerdo que también ellos son hijos de Dios, y que yo no soy más que un pobre diablo.
La culpa de nuestras desavenencias es del tabaco, decía, pero también de una........
