Europa, las gaitas, los vikingos, los 70… y los otros
Playa Pereire, en Arcachon, Francia, 12 de junio: quince mil franceses vestidos de blanco, y también blancos casi todos ellos, festejan la dulzura de vivir al ritmo de viejas canciones de Abba. Es hermoso verlo. Casi se diría que el mundo sigue siendo el de hace medio siglo. Lo que ha llamado la atención es la singularidad étnica: apenas se contaban personas «racializadas» allí. Es pecado decirlo, pero la Europa de hoy, la nacida de la invasión migratoria, se está fragmentando por identidades étnicas, culturales, religiosas… «Qui se ressemble s’assemble», se dice en francés: los que se parecen, se juntan.
La identidad no es un constructo: es un hecho de naturaleza (humana). Por eso es natural que se junten los que se parecen. Sin salir de Francia, la izquierda se está rasgando las vestiduras porque hay franceses que se juntan para vestirse de franceses, hacer de francés, comer y beber y cantar cosas francesas: el «Canon Francés», se hacen llamar. Una diputada de ultraizquierda, Sarah Legrain, exclamaba en el parlamento que «el Canon Francés siembra el terror en el país». Pero a la propia izquierda le pasa: La Francia Insumisa organizaba el otro día un «concierto antirracista» cuyos asistentes eran, muy mayoritariamente, blancos. Los «racializados» no estaban; habían ido a la fiesta de la música en Châtelet, a bailar sus cosas con ese habitual........
