Prioridad extranjera
Hace treinta años un buen amigo parisino, políglota y licenciado en Historia, me contó que se había presentado a una selección para trabajar de guía en el Louvre. Había sido rechazado debido a la prioridad «de color» que ya regía por aquel entonces en los museos públicos de Francia. Los argelinos, marroquíes, cameruneses y senegaleses pasaban por delante de los franceses independientemente de la capacidad de cada cual. Mi amigo, naturalmente, era tan mala persona que votaba a Jean-Marie Le Pen. Dado que reclamar la prioridad nacional quedaba feo por fascista, racista y no sé cuántos istas más, su partido aspiraba a que los franceses alcanzasen al menos la igualdad de derechos con los africanos.
Treinta años más tarde, en una ciudad española cualquiera, un veterano mendigo nacional, sentado en el suelo en la entrada de un supermercado, reprochaba a un joven mendigo negro que estuviese haciéndole la competencia: «¡Éste es mi supermercado! ¡Llevo aquí muchos años! ¡Además, yo no recibo las........
