Los pecadillos de juventud de doña Eulalia
Hasta qué edad llega la juventud en la España actual es cuestión disputada. Si tomamos como referencia el abono joven de transporte de la Comunidad de Madrid, esa etapa acaba un minuto antes de que el usuario cumpla 26 años. Si la referencia es el bono de alquiler joven gubernamental, dotado con 250 euros al mes, la cosa se estira una década siempre que se cumplan ciertos requisitos. Este último caso conecta con la figura de Eulalia Reguant. No por edad, pues la barcelonesa tiene ya 46 años, sino porque los alquileres están íntimamente ligados a su secesionista persona.
Encuadrada en la Candidatura de Unidad Popular, es decir, en la CUP, la Reguant, licenciada en Matemáticas, no pudo convertirse en concejal en las elecciones de 2015. Sin embargo, la fortuna democrática le fue más favorable poco después, al obtener un acta de diputada del Parlamento de Cataluña. En ese cargo permaneció desde el 26 de octubre de 2015 al 11 de octubre de 2017, fecha en la que presentó su renuncia para dedicarse a una política, la municipal, más próxima a sus intereses familiares. Unos intereses ligados al ladrillo, pues quien se desgañitara protestando contra los grandes tenedores y los fondos buitres nació en el seno de una familia cuyo patrimonio suma 35 inmuebles entre pisos, locales comerciales, plazas de aparcamiento y trasteros. En total, sus progenitores, administradores de la sociedad Muscius Cent S.L., manejan una hacienda que alcanza los 14 millones de euros. Un capital del que la exdiputada catalana, que lo volvió a ser entre 2021 y 2023, se ha convertido en apoderada mercantil e, incluso, en casera de sus compañeros de viaje pues, según cuenta la prensa burguesa, el piso sito en la calle Consell de Cent está alquilado a la CUP. Atrás quedaron aquellos días en los que la ya no joven Reguant defendía la ocupación «dependiendo del caso».
El caso de doña Eulalia, que ya ha recibido un aluvión de críticas desde las filas en las que ha militado todos estos años, no es nuevo ni único. Al cabo, una cosa és dir i l’altra és fer, pensará, esquivando la lengua opresora, nuestra pisoteniente. No ha de olvidarse que Pablo Iglesias debió musitar aquello de que «no es lo mismo predicar que dar trigo» cuando pasó de su piso en Vallecas a Villa Tinaja, vivienda valorada en 660.000 euros ya en 2018. Sabedor del nivel de incoherencia de tan acomodaticia medida, a la que sucedieron otras parecidas, el hijo del frapero convocó a sus bases para aprobar el desplazamiento a Galapagar. Más de un 68% de afiliados a Podemos votó a favor de la mudanza.
El tiempo pasa para todos y la hora de sentar la cabeza siempre llega, máxime si se tiene dónde hacerla descansar. Si en tiempos nuestra protagonista se enfrentó a los mozos de escuadra para impedir desalojos, hoy los uniformados son una garantía de cobro frente a aquellos que comen techo pensando cómo llegar a fin de mes.
