El «h-odio» que conviene señalar
A Begoña Villacís le hicieron un escrache en la pradera de San Isidro embarazada de nueve meses. A Cristina Cifuentes la rodearon e insultaron unos manifestantes hasta que consiguió refugiarse en un restaurante cercano. A Rita Barberá la persiguieron hasta la saciedad. A Rocío de Meer le abrieron una ceja durante un mitin convocado en Sestao. Nada de aquello fue considerado violencia política.
Lo de Sarah Santaolalla, sí. ¿No resulta evidente al ver las imágenes? En ese vídeo aparece el «violento fascista» Vito Quiles, micrófono en la mano izquierda y móvil en la derecha a modo de cámara, frente a un grupo de una decena de personas que hacían de parapeto a la activista. ¿No han visto cómo la agrede? ¡Negacionistas! ¡Miopes! ¡Están ustedes locos! En unos días en los que todos parecen tener un móvil a mano y prácticamente todo queda grabado, lo único que parece faltar en este vídeo es la agresión de la que se habla. Una «agresión» que ha dado para tertulias, debates, iniciativas parlamentarias y hasta una nueva herramienta gubernamental.
El auto judicial sostiene que no hubo agresión de Quiles y el informe del médico forense, que........
