El último triunfo del colonialismo
Por Ahmed Omar | Campamentos de refugiados saharauis
Hay pueblos que pierden una guerra. Hay pueblos que pierden una tierra. Y hay pueblos que llegan a perder algo más grave: la claridad sobre quién los destruyó, quién los traicionó y qué significa realmente ser libres.
El Sáhara Occidental está entrando en esa zona peligrosa de la historia donde las tragedias ya no se miden solo por lo que hizo el enemigo, sino por lo que la víctima empieza a considerar aceptable.
Por eso el debate sobre la nacionalidad española para los saharauis no es un simple debate jurídico, ni una cuestión humanitaria, ni una discusión administrativa sobre pasaportes. Es un síntoma. Y los síntomas, cuando aparecen en pueblos heridos, suelen decir más que los discursos oficiales.
La escena es brutal: el último territorio africano pendiente de descolonización, inscrito todavía en la agenda de las Naciones Unidas, llega a un punto en el que una parte de su pueblo discute cómo acceder a la nacionalidad del Estado que nunca culminó su descolonización.
No hay manera elegante de decirlo.
España no es el “antiguo poder colonial” del Sáhara Occidental. Esa expresión es una coartada moral. Convierte una responsabilidad viva en un recuerdo incómodo. España no pertenece al pasado del problema saharaui. España está en su centro jurídico actual. Porque el Sáhara Occidental no sigue en la agenda internacional por nostalgia colonial. Sigue ahí porque su descolonización no se ha completado. Y si la descolonización no se completó, alguien sigue siendo responsable de no haberla completado.
Ese alguien es España.
Marruecos ocupa, reprime, explota y administra de facto una parte del territorio. Pero Marruecos no inventó por sí solo el vacío que permitió la tragedia. Marruecos opera dentro de........
