Las mujeres de Maryse Condé
Se ha solido decir que los grandes escritores, incluyendo obviamente a las escritoras, escriben siempre sobre lo mismo; así aun manteniendo el mismo centro de gravedad en una temática determinada la forma de abordarlo es lo que marca la diferencia. En el caso de Maryse Condé (Pointe-à-Pitre, comuna francesa del archipiélago de Guadalupe, 1937 -Gordes, pueblito del sur de Francia, 2024) lo dicho se cumple como guante al dedo. Cualquiera que se haya acercado a la prosa de la escritora* estará de acuerdo conmigo.
Fue la menor de una familia de ocho hermanos y a los dieciséis años se marchó a la metrópolis -suena duro, pero dura es la realidad de las denominadas, eufemismo al canto, DOM/TOM…departamentos o territorios de ultramar- a cursar los estudios: primero en el liceo Fénelon y posteriormente en la Sorbona; finalizados sus estudios ejerció como profesora de francés en Guinea, Ghana y Senegal, hasta su vuelta a Francia en 1970, en donde se doctoró, en la especialidad de Literatura Comparada, con una tesis sobre los estereotipos negativos de la población negra que aparecían en la literatura caribeña; sin obviar su labor docente en la universidad de Columbia. Viajera impenitente, y observadora sin par, Maryse Condé ha levantado acta de algunos de los males que acucian a las mujeres, marcadas por las huellas de las leyes ancestrales, reforzadas por la huella moralizante de los colonizadores con su cruz y su sable; por los roles asignados y por las exigencias que con respecto a ellas se erigen en lo que hace al comportamiento, que ha de ser bueno y ejemplar siempre que no se desee que sobre ellas caiga el sambenito de turno. Aplicable aquello que se decía de la mujer del César que no solo debía de serlo sino de parecerlo. Claro ha de quedar que nadie ha de........
