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De viaje con Claudio Magris

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26.02.2026

«No se ve la Cruz del Sur en las noches de tempestad, es necesario buscar en sí mismo para hallar el camino »

                                             Atahualpa Yupanki, Cruz del Sur

El triestino escritor, nacido, en 1939, en esa ciudad italiana en que cohabitaban italianos, eslovenos y germanófonos, es celebrado por su viaje, a mediados de los ochenta del siglo pasado, con sus amigos por el Danubio, navegándolo desde su nacimiento en la Selva Negra hasta su desembocadura en el Mar Negro, allá por pagos ucranios, presentando un mosaico de culturas, lenguas; no queda ahí la cosa, sino que entrega en otras de sus obras viajes, que ponen en movimiento al lector al ofrecerle un cúmulo de informaciones de todo tipo con especial compañía de luminarias de las letras y de la cultura: así, si en la nombrada, en el recorrido de tres mil kilómetros, nos llevaba a encontrarnos con Canetti, Céline, Paul Celan, Chateaubriand, Stendhal, y muchos otras figuras de la cultura de la Mitteleuropa, en su El infinito viaje, entregaba cerca de cuarenta crónicas, publicadas originalmente en el Corriere della Sera, en las que asomaban por asociación don Quijote, Günther Grass, Dostoiievski, Milosz y muchos más destellos literarios más; otros viajes de otro tipo, también ocupan otras obras suyas: así el viaje al infierno para dar la voz a Eurídice en su Así que usted comprenderá, obra marcada por el luto por el fallecimiento de su mujer, sin obviar aquella visita al centro ideado por los protagonistas de la novela, Museo de la guerra para la pazen su No a lugar para proceder en donde el acento lo ponía en el corazón de la barbarie en donde se escuchaban los testimonios de Primo Levi, Jean Améry et alii, Así, como queda dicho, entre ríos, analizados geográfica e históricamente, y los microcosmos que nos llevan por diferentes lugares, el espíritu vienés de fin de siglo, y las numerosas lecciones sobre diferentes escritores (Musil, Roth, Jünger, Goethe, Borges, Hugo, Mann, Dostoievski, Broch, Primo Levi, Ándric, Walser, Svevo, Canetti, Rilke…); Magris ofrece innumerables viajes por los libros y por sus autores, enfrentándonos con la crisis del arte y, por extensión, la de la modernidad…Magris no es creador de banalidades sino que su concepción de la literatura es la propia de quien se posiciona inequívocamente y con espíritu reivindicativo, del lado de la cultura (casi podría escribirse con mayúsculas)….sin obviar los viajes hipotéticos también nombrados en las líneas precedentes. Sería cansino enumerar todos los galardones que ha recibido por su quehacer.

Pues bien, ahora nos lleva de la mano de tres singulares personajes a Latinoamérica, en su «Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables» (Anagrama, 2026). Estamos en las tierras visitadas y narradas por el chileno Luis Sepúlveda, que calificaba aquellos lares como el mundo del fin del mundo, o por el infatigable Bruce Chatwin, entre Patagonia y Araucanía, en un paisaje de una belleza envolvente e inquietante, en donde los tres personajes de la obra acaban, atreviéndose a aventurarse y afincarse allá como si fuese el hogar buscado, su patria, convirtiéndose en entregados defensores de aquellas tierras y de sus habitantes, vencidos y perseguidos. Seres los tres, no hace falta ni decirlo, excéntricos y hors norme. En los casos presentados la realidad deja pálida a cualquier ficción.

Janez Benigar, antropólogo y lingüista esloveno se casó, dos veces; en la segunda ocasión con una mujer mapuche, Sheypukin, deseando que ambas fueran enterradas juntas en su compañía. En el retrato que de él hace Magris además de sus vicisitudes existenciales da cuenta de sus obras- entre ellas un Diccionariode lengua araucana, terreno en el que anteriormente había destacado con una Gramática de búlgaro- y sus debates con algunos supuestos especialistas acerca del darwinismo, en sus aplicaciones sociales, de la historia de los mapuches y de otras etnias que habitaban el lugar, mostrando su vena antirracista y afeando las visiones etnocéntricas que despreciaban a los nativos de aquellos lares como inferiores, casi como animales a los que había que domesticar; siempre guiado por el objetivo de sostener puntos de vista científicos. No queda ahí la cosa sino que el autor del libro se entrega a una labor de desentrañar la historia de las luchas que allá se desarrollaron, en un infierno de violencia, en defensa de la identidad y contra las injerencias de chilenos, argentinos, y en su momento, de los conquistadores hispanos; igualmente se ofrecen lecciones acerca de la lenguas usadas y las creencias, con sus leyendas y dioses. El espíritu de Benigar, que cambiaba su nombre original, Janez, por el de Juan u otros por mostrarse más cercano de la gente con la que convivía, estaba empapado de utopismo, en su deseo de crear comunidades en que dominase la solidaridad y el apoyo mutuo. Claudio Magris con su brillantez habitual, amplía informaciones como quien ya que pasaba por ahí, explicaba lo que ahí se hallaba, con su escritura diagonal. Lecciones de cultura patagónica, y de otros pueblos de la zona, sin obviar las luchas entre ellos, y sus visiones del mundo respectivas. Si lo que digo es así, que lo es, esta mirada panorámica, y poliédrica, está presente en el retrato de los tres personajes visitados en el libro, también lo están las salpicaduras de diferentes escritores que o bien vivieron por allá o escribieron sobre el lugar, o sobre lugares singulares, como Jules Verne, Evaristo Carriego, Luis Sepúlveda, Melville, Lovecraft, Borges, el propio papa Francisco que siendo Bergoglio introdujo la edición de Martín Fierro, Lucrecio, Daniele De Giudice, Dante, Poe, Defoe, Cervantes, Bruce Chatwin, y muchos más; y lo hace no como adorno o abalorio sino que lo hila con los avatares de los que da cuenta…quedando subrayada las tendencias teosóficas de las que hacía gala el sujeto.

Otros de los personajes presentados, fue el francés Orélie-Antoine de Tounens, que se autoproclamó rey de la Araucanía, marchando allá con algunos otros personajes, habiendo nombrado a alguno de ellos ministro, llegando a poner en pie una Constitución, obra maestra de dadaísmo y surrealismo. Si los nativos tenían una concepción republicana de las formas de gobierno, el francés admirador de Napoleón y fervoroso seguidos de las ansias civilizadoras del colonialismo, hasta el punto de defender una monarquía en la que pudiese decir: le roi c´est moi,lo que no quita para que se pusiese del lado de los araucanos, los mapuches y otros en luchas contra todo aquel que osase acercarse al lugar con fines de dominarlo; en especial contra los chilenos que acabaron por detenerle y devolverle a su país de origen. Ciertas distinciones entra araucanos y mapuches, son debidas a algunos historiadores ajenos a la zona, como la escrita por el conquistador y brillante poeta Alonso de Ercilla y Zuñiga en su La Araucana, cuando de hechos entre ellos imperaba el signo de igualdad en el nombrar de unos u otros. Del sujeto, que usaba el nombre de Antonio I, se llega a ofrecer si no un diagnóstico una singular combinación de locura y razón que en su tiempo realizase algún psiquiatra: «idea demencial seguida de un comportamiento obstinadamente lógico».

Por último, se nos acerca a la monja piamontesa, Angela María Magdalena Vallese Demartini que llegó al lugar en donde los nativos, los yamana, debido al hábito, bicolor, que lucía ella y sus compañeras, las consideraban pingüinos. Aprovechando la ocasión Magris nos ofrece algunas leyendas locales en las que se consideraba a tales animales como seres demoníacos, aunque visto el comportamiento de las hermanas, la valoración adoptó la forma disyuntiva: también había pingüinos buenos. Se ofrecen datos sobre la extensión de la Tierra de fuego y cercanías, ofreciéndose igualmente descripciones paisajísticas, y ciertos mitos relacionados con el hielo, y las concepciones de algunos viajeros que por allá pulularon. La religiosa siempre con una luminosa sonrisa y el incombustible afán por servir a los indios considerándoles sus iguales.

Claudio Magris muestra una vez más ser un avezado narrador mostrando una habilidad, y paradigmática capacidad, para cruzar saberes de diferentes orden en un discurso único que en esta ocasión se asemeja, con el pretexto de tres singulares personajes -ejemplos de entrega y solidaridad-, al trabajo de campo de aquellas tierras, como si se trataran de su Trieste natal, al que, no obstante, hace regresar a algunos de sus personajes. En medio de la inmensidad desértica en la que los gauchos cabalgan en busca de sustento y sus virajes y marchas hacia el pasado sin evitar las realizadas hacia el presente.

Claudio Magris o el deslumbre de una escritura reflexiva que abre un abanico de conocimientos, de datos, fechas, salpimentado todo ello con su proverbial erudición, entreveradas con medidas gotas de humor…«la historia del mundo no es mucho más compleja que la de un corazón, no importa mucho si sencillo o atormentado».


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