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La geopolítica del despojo y el ocaso del orden unipolar: Europa como rehén energético

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28.04.2026

Para comprender la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial es preciso trascender la superficie de los acontecimientos bélicos y analizar la crisis estructural de hegemonía del bloque capitalista occidental desde una perspectiva materialista.

Por JOSÉ MANUEL RIVERO PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

Para comprender la actual reconfiguración del tablero geopolítico mundial es preciso trascender la superficie de los acontecimientos bélicos y analizar la crisis estructural de hegemonía del bloque capitalista occidental desde una perspectiva materialista. Nos encontramos ante el choque ineludible entre un orden imperial en fase de declive relativo —capitaneado por los Estados Unidos y sostenido por su maquinaria de coerción militar y financiera, con la OTAN como brazo armado y la Unión Europea como espacio subalterno— y el emergente bloque de Estados soberanos que pugnan por consolidar un mundo multipolar: la Federación Rusa, la República Popular China, la República Islámica de Irán y la India. En esta encrucijada histórica, la Unión Europea ha abdicado de cualquier atisbo de autonomía estratégica para convertirse en un rehén energético y un mercado cautivo cuyo altísimo coste económico sirve exclusivamente para prolongar la agonía de la supremacía estadounidense en un escenario de deuda interna insostenible, que ya supera los 39 billones de dólares.

El punto de inflexión de esta subordinación, avalado por los propios informes de mercado del Financial Times, expone la realidad material del sometimiento con una claridad meridiana. Antes de 2022, la competitividad de la industria europea, y muy especialmente la alemana, descansaba sobre el suministro estable y asequible de energía rusa. La voladura del Nord Stream no fue un daño colateral, sino el acto de guerra económica más trascendental del siglo XXI: un sabotaje estratégico planificado para desmantelar de forma irreversible la soberanía industrial del viejo continente. Al dinamitar esta infraestructura, Washington ha forzado a Europa a sustituir el gas ruso por el costoso Gas Natural Licuado (GNL) norteamericano —vendido a precios de usura que cuadriplican el coste en origen—, condenando a las potencias europeas a sufragar con fondos públicos las cadenas de su propia........

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