Habermas: el filósofo del «consenso democrático» que legitimó la guerra y a las élites económicas
¿“Deliberación racional entre iguales” bajo el dominio del gran capital?
La muerte de Jürgen Habermas ha provocado una avalancha de elogios que lo presentan como uno de los grandes filósofos democráticos de nuestro tiempo. Durante décadas fue el intelectual público más influyente de Alemania y una referencia central de la teoría política europea. Sin embargo, tras esa imagen de pensador del “diálogo racional” aparece una trayectoria intelectual y política mucho más controvertida, que plantea incómodas preguntas sobre el papel de ciertos intelectuales en la legitimación del orden existente.
La muerte del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas (1928-2026), el pasado sábado 14 de marzo, ha desatado una oleada de homenajes que lo reivindican como una de las mayores figuras intelectuales de la Europa contemporánea y un “referente ético fundamental”. Durante décadas, en efecto, Habermas fue el intelectual público más influyente de Alemania y uno de los pensadores más citados del mundo occidental. Intervino en discusiones sobre la memoria del nazismo, la identidad alemana, la reunificación del país y el proyecto político europeo. Con el tiempo su figura adquirió el perfil del gran intelectual público de un país con una de las tradiciones filosóficas más importantes de Europa.
Su nombre quedó asociado a una idea que ha tenido enorme éxito en la filosofía política reciente: que las sociedades modernas pueden legitimarse mediante el “diálogo racional” entre “ciudadanos libres e iguales”.
La tesis es conocida. Cuando los ciudadanos pueden discutir en condiciones de igualdad, intercambiar argumentos y deliberar públicamente sin coerción sobre los asuntos comunes, las decisiones colectivas pueden considerarse legítimas. En última instancia, la democracia sería – para Habermas – este proceso de «discusión racional».
«Una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla»
«Una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla»
Ese planteamiento ha tenido un enorme impacto en universidades, instituciones europeas y buena parte de la teoría política contemporánea. Pero precisamente por el alcance de ese impacto conviene preguntarse algo que los obituarios rara vez plantean: qué papel desempeñó realmente ese tipo de pensamiento en las sociedades donde surgió. Porque una teoría social puede volverse influyente no solo por su fuerza intelectual o su rigurosidad, sino también por su capacidad para encajar con las necesidades ideológicas del sistema en el que se desarrolla. Y, en el caso de Habermas, esa relación resulta difícil de ignorar.
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LA DEMOCRACIA COMO “DIÁLOGO ENTRE IGUALES” EN UNA SOCIEDAD DESIGUAL
La teoría que hizo mundialmente famoso a Habermas –y que le valió entre otros muchos reconocimientos el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales– fue la llamada teoría de la acción comunicativa. Su idea central es, como ya hemos apuntado, que las normas sociales pueden considerarse legítimas cuando resultan de procesos de “deliberación racional” entre ciudadanos que discuten en condiciones de igualdad. La política, en este modelo, deja de entenderse como una lucha por el poder y pasa a concebirse como un proceso de discusión pública.
«Las sociedades contemporáneas no están organizadas sobre la base de individuos iguales que deliberan libremente, sino sobre enormes desigualdades económicas y concentraciones de poder»
«Las sociedades contemporáneas no están organizadas sobre la base de individuos iguales que deliberan libremente, sino sobre enormes desigualdades económicas y concentraciones de poder»
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