Argentina. Carne de democracia
Es habitual la referencia al huevo de la serpiente. Hoy sabemos que la serpiente son muchas serpientes y los huevos, son demasiados. Pero lo que resulta insoportable, si bien parece que soportamos todo, es que haya serpientes y huevos paridos democráticamente. La constitución argentina que, en un momento de extravío delirante de mis ideas, bauticé como “biblia laica del pueblo soberano”, aloja uno de los huevos. Quizá el peor. Sentencia en su macabro artículo 22 que “el pueblo no gobierna sino a través de sus representantes”. La primera parte es uno de los huevos de las serpientes. El pueblo no gobierna ni delibera. El NO es la clave. La remata con “sino a través de sus representantes”. La otrora llamada “borocotización” fue una muestra inicial de que la representación puede cambiar. O sea: represento a quien se me........
