La memoria en el corazón
Cuando un país llora, una madre va en silencio a su trabajo. Habla, comenta de las cosas del día o de la semana y, en silencio, organiza sus cosas en el buró, sin que nadie lo sepa piensa en un rostro que vio por la noche en el celular. No es de ningún familiar suyo, pero algo la hace recogerse.
Cuando un país llora, hay un padre que dice a sus compañeros de trabajo lo que le informaron hace unas horas. «Me tocaron a la puerta —cuenta— y me dijeron que él era uno de los 32». Y con voz baja, más bien temblorosa, dice que, a pesar de todo lo que le explicaron, ya él sabe que no verá más a su hijo. Sus compañeros, sus jefes, le dicen: «No vayas al acto», y él dice que no, que él va a estar. Pide que lo dejen ir. Y cuando lo hace, por más que resiste, tiene que bajar la cabeza para soportar el dolor, pero no se va. Se queda.
Cuando un país llora y se hace preguntas, unos jóvenes se asombran mientras........© Juventud Rebelde

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