La coherencia que sostiene la democracia
Archivo - Diputados en el hemiciclo durante una sesión de control al Gobierno. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo
Se suele afirmar que cambiar de opinión es de sabios. Y, en efecto, pocas cosas resultan tan poco razonables como permanecer inmóviles cuando cambian las circunstancias, aparecen nuevas evidencias o la realidad demuestra que una determinada decisión no era la más adecuada. La política, como cualquier actividad humana, debe tener la capacidad de adaptarse a los nuevos escenarios. La rigidez rara vez constituye una virtud cuando lo que está en juego es el interés general.
Nuestra historia democrática ofrece numerosos ejemplos. La entrada de España en la OTAN, las conversaciones con ETA en distintos momentos, la regulación del aborto o la aprobación de la eutanasia han sido objeto de intensos debates y de profundas modificaciones en las posiciones defendidas por unos y otros partidos. Aquellos cambios generaron críticas, controversias e incluso acusaciones de incoherencia. Sin embargo, no todo cambio merece ser condenado. Cuando responde a una reflexión seria, a nuevas circunstancias o a la voluntad de mejorar una propuesta, rectificar no solo es legítimo, sino que puede convertirse en un acto de responsabilidad política.
El verdadero problema aparece cuando el cambio deja de responder al interés general para convertirse en una simple........
