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Y es que somos raros

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19.05.2026

Excrementos de una mascota en un parque de Elche, que es lo que quiere combatir la nueva ordenanza de convivencia. / INFORMACIÓN

Los que saben de estas cosas, psicólogos, sociólogos, filósofos, tertulianos y Belén Esteban, sostienen la sesuda teoría que el sentido de la vida está en el amor, en la búsqueda de la felicidad o en alcanzar la plenitud espiritual, ¡Piu!, el verdadero motor que mueve a la humanidad, además del triunfo personal, el parné y ponerse más fuerte que el vinagre corriendo o yendo al gimnasio, son esas aficiones absurdas, incómodas y, en muchos casos, directamente incomprensibles que la gente defiende con un entusiasmo digno de una secta medieval, porque si algo caracteriza al ser humano no es su inteligencia, sino su capacidad de convertir aquello que le gusta, aunque sea algo muy loco, en una tradición entrañable y en algo muchísimo mejor que lo que le gusta al pobre desgraciado de enfrente, ¡dónde va a parar!, ya lo dijo Jean-Paul Sartre: «El infierno son los otros». Seguramente lo escribió un domingo de agosto intentando encontrar hueco para poner la sombrilla en Benidorm.

Es cierto aquello que «para gustos colores», y que a cada uno le gusta lo que le gusta o le que le da la gana, pero hay gustos que, al menos para mí, son un despropósito, como por ejemplo el de aquellos que les gusta ver el programa de televisión Parlamento, los que hacen running solo con un bañador como el que llevaba «Pepito piscinas», con sus «cosas» bamboleando y más apretadas que los tornillos de un submarino, los que siguen los plenos municipales o los que defienden a ultranza que no hay mayor placer que comerse unos caracoles un domingo al mediodía, ¡hijo de mi vida!, ¿qué me estás contando?

Hace muy poco, tuve profesionalmente que estudiar el mundo del caracol, todo un reto, por que aunque sea difícil de entender, existe legislación comunitaria, nacional y autonómica que regulan la venta de estos moluscos gasterópodos, vamos, como si no hubiera otra cosa a la que dedicar el tiempo, y es que el caracol es pura fantasía, es ese animal que, si aparece en el jardín, provoca el mismo entusiasmo que una inspección de Hacienda, pero que, si lo sirven en una cazuela con ajo y salsa, se transforma mágicamente en «delicatessen» y te los........

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