Venezuela. Un misterio y una evidencia
Lucía Feijoo Viera
Las noticias sobre Venezuela han desatado un temporal, esperado y previsto, que ha de ser valorado desde la certeza de cómo funciona este mundo del presente. El fruto de los extremos dispuestos a hacerse hegemónicos e imponerse, por la fuerza y sin respetar a quien piensa diferente, la tolerancia con el propio sin mirar los efectos de su autoritarismo, la desvergüenza de mirar hacia otro lado ante la corrupción generalizada, etc… son los ingredientes de un mundo cuyo destino inmediato nadie parece vislumbrar y que no entendemos que pende de un hilo la misma paz.
Los bloques existen y la fuerza, con la economía de fondo, se han hecho presentes. Han renacido con vigor cuando en algunos momentos parecían diluirse en su expresividad.
Nunca en los últimos decenios confluyeron en el mando o dirección -conceptos que se han equiparado- de los países más relevantes sujetos de tan baja calidad intelectual y humana. Nunca tuvieron en su mano el poder gentes de tan escaso magín salvo para imponer sus decisiones desde el narcisismo imperante, que es muestra siempre de una soberbia que responde a su falta de autoestima. Y nunca, cuando la educación, que no la cultura -poca y manipulada-, debería ser un valor identificativo de los ciudadanos al menos del primer mundo, la sumisión a la mediocridad del discurso populista había calado........
