Sir Reginald el Prudente y el dragón con alergia
Sir Reginald el Prudente y el dragón con alergia
Sir Reginald no era un caballero andante al uso. Ciertamente andaba, pero siempre por caminos llanos, con sombra, buena señalización y posibilidad de retirada. Su lema no era «Por la gloria y mi dama», sino «Una evaluación de riesgos a tiempo evita un funeral prematuro». Había convertido la cobardía en doctrina, la doctrina en método y el método en reputación. En la corte lo llamaban prudente, que es el modo elegante de llamar valiente a quien aún no ha demostrado serlo.
Sir Reginald el Prudente y el dragón con alergia
—Pipo —decía a su escudero, un muchacho flaco que ya había envejecido esperando una aventura—, ¿oyes ese ruido en la maleza? Un caballero temerario se adentraría espada en mano. Un caballero responsable reconoce una posible emboscada y procede a realizar una retirada estratégica hacia la taberna más cercana. No es miedo, Pipo; es inteligencia.
Un día, la inteligencia de Sir Reginald fue puesta a prueba. A su ducado llegó la noticia de que la brillante y mordaz Lady Isadora había sido secuestrada por Fulgencio, un dragón que aterrorizaba la región desde su guarida en los Picos Nebulosos. El duque, padre de Isadora, ofreció su mano y la mitad de sus tierras a quien la rescatara. Los caballeros valientes afilaron espadas; Sir Reginald afiló argumentos.
—Es una trampa mortal, Pipo —sentenció, cubriendo el mapa con cruces rojas—. Están los acantilados, el clima, la ausencia de posadas fiables, la inflamabilidad general de la misión... He calculado que un caballero medio tiene una probabilidad de regreso de una séptima parte, y eso contando con buen tiempo. El riesgo es........
