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¿Por qué exigimos más para vestir la camiseta de España que para gobernarla?

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26.07.2026

Los jugadores de la selección española a su paso por la calle Princesa de Madrid durante la celebración tras proclamarse ayer campeones del mundo al derrotar en la final a Argentina. EFE/ Ballesteros / Ballesteros / EFE

Durante más de un mes, España ha vuelto a hacer algo que parecía cada vez más difícil: caminar unida alrededor de un mismo objetivo. El Mundial ha sido la excusa. Millones de personas hemos vuelto a ilusionarnos, a celebrar y a dejar en segundo plano muchas de las diferencias que nos acompañan cada día. Ha dado igual la edad, la profesión, el lugar donde vivimos o incluso a quién votamos. La selección nos ha recordado que todavía sabemos mirar en la misma dirección. Y, además, España ha vuelto a levantar una Copa del Mundo.

Se han escrito y se seguirán escribiendo muchos artículos sobre el liderazgo de Luis de la Fuente, sobre su capacidad para construir un equipo en el que el talento individual se pone al servicio del colectivo y sobre la importancia de la humildad, la confianza o el compromiso. Pero mientras avanzaba el campeonato no dejaba de pensar en otra cosa: cómo elegimos a las personas que representan a España.

Ninguno de los veintiséis jugadores convocados llegó hasta allí por casualidad. Todos habían recorrido un camino de años de entrenamiento, competición, presión, aciertos, errores y evaluación permanente. Cada partido era una nueva prueba y cada convocatoria podía confirmar su lugar o dejarlo fuera. Ninguno tenía el puesto asegurado. Había que volver a ganárselo.

Aceptamos esa forma de seleccionar el talento con absoluta naturalidad. Es........

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