Me duele mi tierra (aunque menos)
Pollán: “Hoy es el día de celebrar un resultado histórico, mañana es el día de trabajar”
Soy segoviana, y es mi respiro; tocar la piedra del Acueducto me reconcilia conmigo, y desde pequeñitos lo repiten mis hijos y mi nieta.
Admiro el trabajo feminista de Azucena Suárez (concejala de Servicios Sociales e Igualdad del Ayuntamiento de Segovia por el PP). Desde niña tengo amigos en mi pueblo, que es Marugán, y en sus casas me siento como en la mía. Entre ellos está su alcalde, Miguel Ángel Monterrubio (PSOE), a quien estimo y que definiría Machado como un hombre bueno, «en el buen sentido de la palabra bueno». Allí está gran parte de mi familia y mis muertos; el que más añoro es mi padre.
En Valladolid hice la TV y la radio que quise con total libertad, y fue reconocido y respetado mi trabajo durante más de una década. Tengo el orgullo de haber recibido el premio Francisco de Cossío en la modalidad de radio.
En mis tiempos de TVE, el presidente Juan José Lucas y la oposición Jesús Quijano, Carlos Sánchez Reyes y Antonio Herreros (PP, PSOE, CDS e IU) fueron un ejemplo de entendimiento y democracia.
Sin embargo, hoy me duele, y me duele mucho ver el crecimiento de quienes, sin creer en las autonomías, insultan permanentemente al feminismo, rechazan el cambio climático, a pesar de las catástrofes naturales que vivimos, y niegan la violencia contra las mujeres y las criaturas; son unos racistas, hacen bandera del populismo y potencian los espectáculos contra los animales. Para colmo, pretenden la vuelta a los armarios por querer a quienes les haga bien, y ni siquiera son conscientes de que existe algo llamado «derechos humanos». Pero la verdad es que no me sorprende, viendo que aplauden a criminales con poder como Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Dime a quién ensalzas…
Lo atroz es que hayan engañado a los nietos de mis antepasados y les hagan creer que los problemas del sector primario, tan necesario y merecedor de mi consideración, se los van a solucionar «los patriotas del odio», de los discursos vacíos, los señoritos que no respetan ni a los que dicen iguales a ellos.
¿Qué está sucediendo? ¿Qué responsabilidad tengo como mujer y trabajadora, como madre y abuela, en este retroceso de la libertad (pero no la del pinchito y la cañita, ni la de a Dios rezando…)?
Llevo desde los 15 años cotizando, unas veces de unas maneras y otras de otra. Soy nieta e hija de los campos ocres de la vaciada Castilla; intento desaprender del machismo que he mamado incluso en los tiempos "progres", que solo les vino bien a algunos de "ellos".
Soy amiga de mis amigas y amigos, y muy afortunada, porque sí puedo afirmar lo que es la sororidad. Pero me pregunto: ¿qué diminuto granito de arena he puesto de manera equivocada para que, hoy, existan personas que alaben la figura de un dictador, del que la mayoría de los que le mencionan desconocen todo, y que sometió a este país a 40 años de dictadura, de la que aún hay víctimas en las carreteras en las que fueron asesinadas?
Me gusta la falla del Ayuntamiento de Valencia por la paz, lo que es contradictorio con la falta de reparación y, aún más, con aplaudir a quienes quieren y se lucran del belicismo. Esto me hace pensar, hoy más que nunca, en Benjamin Franklin, que sabiamente acuñó la frase: «Nunca hubo una buena guerra ni una mala paz».
¿Por qué no aprendemos?
¿Qué ha ocurrido en los últimos tiempos en las escuelas, en los institutos y en las universidades? ¿Con qué se están nutriendo en redes sociales? ¿Qué pasa en sus familias? ¿En sus barrios? ¿En sus cerebros?
Tal vez sea cierto que las rayas que a veces vemos en el cielo tras pasar algún avión desprendan algo extraño y perverso, para que hoy no desee que Ortega y Gasset tenga razón y "Castilla sea España". Sin duda, hoy me duele mi tierra (aunque menos de lo que esperaba Vox).
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