Palabra y silencio
Niñas jugando en la fuente de chorros del parque de Vioño / IAGO LOPEZ/ROLLER AGENCIA / LCO
Teníamos seis, nueve, doce o catorce años. No necesitábamos gran cosa. Solo un rincón y horas por delante. Éramos capaces de hablar como si no hubiera un mañana, como si nuestra mente fuera llenándose ininterrumpidamente de nuevas ideas y resultara imprescindible comentarlas para dejar paso a las siguientes. Cuchicheábamos en clase, gritábamos en el recreo y seguíamos conversando hasta que los caminos hacia nuestras respectivas casas se bifurcaban. A veces, de niñas, tratábamos de engañar a nuestras madres haciendo pasar por un despiste el cambiazo de la bata escolar o el olvido de un libro. Ingenua estratagema para volver a encontrarnos y añadir algunas palabras más a la tarde. Al día........
