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¿Guerra entre religiones?

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10.04.2026

El delantero de la selección española de fútbol Lamine Yamal, durante el partido amistoso que las selecciones de España y Egipto. / Alberto Estéves / EFE

La pasada Semana Santa ha demostrado que estamos, una vez más, con la idea de la guerra entre religiones. Cristianismo frente al islam invasor. Occidente frente a los otros. Un relato fácil de entender y útil para muchos, aunque no sea cierto. Es el uso interesado de la religión como herramienta política, cultural y emocional.

Durante el partido de fútbol entre España y Egipto, centenares de personas corearon “España cristiana, no musulmana” o “musulmán el que no bote”. Eso sí, lo cantaban los mismos que aplauden un gol del jugador español Lamine Yamal, que es musulmán. Ajenos a estas incongruencias, con ese lema marcan quién pertenece y quién no al país. No hay religión de fondo, porque de hecho esa acción excluyente no está ni en las Escrituras. Demuestran que no pretenden defender una fe, sino trazar una frontera.

Es idéntico a lo que desde hace décadas, en su máximo exponente de deshumanización, hemos visto en Palestina. En muchas ocasiones Israel (y en España, parte de los partidos que apoyan sus políticas) ha vendido que defenderse de Gaza tenía también un motivo religioso. Eso de “democracia vs islamismo” o que ese espacio pertenece a la “tierra prometida”. La religión pasa así, de nuevo, como coartada frente a una política de asentamiento y colonización en Gaza y Cisjordania. Esta misma Semana Santa se ha dado un paso más. Israel ha aprobado aplicar la pena de muerte por ahorcamiento a palestinos condenados por ataques letales, una medida impulsada por la ultraderecha que sostiene a Netanyahu. Esto es lo que pasa cuando tu gobierno depende de ultras, que acabas como ellos. Tengo interés por escuchar a líderes de derecha y ultraderecha de este país después de que Israel aplique la misma horca que criticaban de Irán y con la que justificaban el ataque de Israel y Estados Unidos, esos que decían que era elegir entre "la civilización o la barbarie".

El silencio también es posicionarse. Lo fue también en Jerusalén cuando durante el Domingo de Ramos se vetó el acceso al Santo Sepulcro a la máxima autoridad católica. El presidente Pedro Sánchez fue el primero en pronunciarse en defensa de la libertad religiosa. Solo horas después Vox reaccionó con mucha moderación, muy alineados con las políticas del gobierno israelí. Este es el espectáculo de los que hablan de El Cid y se dan golpes de pecho con la identidad cristiana en campañas, pero la relativizan cuando entra en conflicto con determinados aliados. Solo tras la presión internacional, Netanyahu rectificó, pero los silencios y las tibiezas dejaron retratados a muchos. Cuando la fe se usa para señalar dentro y se abandona cuando incomoda fuera, no es religión, es pura conveniencia. Ahí es donde el relato se rompe, cuando la religión deja de ser principio y se convierte en herramienta. La pena es a quienes terminan convenciendo por el camino, faltos de cultura teológica, de manera evidente. Esos que compran que hoy hay una guerra de religiones cuando solo es una guerra de intereses.

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