El hermano de Sánchez, ¿sanguinario criminal?
España está muy revuelta estos días, en que el aire huele a putrefacción, a ambiciones humanas y a algunas dosis de mala uva. Hay varios casos de corrupción en los tribunales y la ciudadanía, que sabe perfectamente que en el estercolero español «hay lawfare pero no solo lawfare», se interroga sobre esta pugna manifiesta entre los poderes ejecutivo y judicial y sobre al alcance de la batalla ideológica que, para algunos, ya no se puede definir en forma de binomio derecha izquierda sino que ha adquirido tintes oscuros entresacados de la dicotomía dictadura-democracia. La presencia de VOX en el tablero ha tenido este pernicioso efecto.
De entre todos los casos en activo, destaca por excepcional, y hasta por extravagante, el del hermano de Pedro Sánchez, David, un músico profesional que está siendo juzgado en Extremadura porque, supuestamente, la diputación de Badajoz creó exprofeso una plaza pública de coordinador musical para que la ocupara. La acusación ha sido concretada en las figuras delictivas de prevaricación y tráfico de influencias. Cuando se escriben estas líneas, ya avanzada la vista oral, los representantes de la acusación popular han doblado la petición de pena: han pasado de solicitar tres años de prisión a seis años. Dichos representantes forman un monocolor repertorio ultra: Manos Limpias —entidad que presentó la denuncia inicial y asumió la dirección unificada de las acusaciones populares—, Vox, Partido Popular, Hazte Oír, Abogados Cristianos, Liberum y Iustitia Europa. La sobreabundancia de instancias puritanas que claman justicia recuerda inevitablemente la imagen de un voltio de buitres carroñeros que observan en círculos el estado de la presa para abalanzarse sobre ella.
La tesis de que........
