'El jardín quemado', un teatro de preguntas y repreguntas
El estreno el miércoles pasado de la nueva producción de El jardín quemado que Juan Mayorga en el Teatro de la Abadía fue un lleno absoluto de público, profesionales del teatro y del periodismo cultural. Es seguro que seguirá llenando todos los días de función independientemente de lo que diga la crítica y de lo que diga el boca-oreja. Esa es su capacidad de convocatoria, basada en su historial y el vínculo emocional que su teatro ha creado con los espectadores.
Esta vez retoma una obra que escribió en 1998. Curioso, que una obra que va sobre la memoria histórica o democrática se vuelva a releer y montar veintiocho años después. Y, lo primero que ha hecho, como ya hiciera con El Golem, ha sido transicionar a sus dos personajes principales. Garay y Benet, el viejo y el joven psiquiatras, han pasado de ser hombres a ser mujeres. Y esto dificulta, se quiera o no, la comprensión. Es difícil creer, no porque no fuera posible sino por el imaginario fijado, que en una isla excéntrica, posiblemente en Canarias, a finales de la Guerra Civil española una mujer dirigiera un hospital psiquiátrico masculino y la forma en la que se interpelan.
Tampoco se entiende muy bien ese empeño en decir que la obra trata pero que no trata sobre la Guerra Civil española y los cuarenta años que vinieron después. De cómo afrontar esa historia desde una sociedad democrática que pretende eliminar todas las puertas que le han sido puestas al campo ¿político? para que los ingresados en el hospital psiquiátrico puedan ver el mar que tienen al lado.
Son dudas que surgen de su historia. En la que una psiquiatra en ciernes, a la que se le echa en cara su excelente currículo académico, se acerca a un viejo hospital........
