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La nueva política se despeña en tiempo récord

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05.04.2026

05 de abril 2026 - 03:08

Podemos ya no puede caminar solo y Sumar apenas resiste en pie. Las formaciones que se postularon como adalides de la nueva política se han despeñado en tiempo récord, dilapidando un enorme capital humano y de confianza, víctimas de los hiperliderazgos y de sus contradicciones. Aquellos que iban a regenerar las instituciones dando lecciones a diestra y siniestra (como Cs) sólo dejan a su paso un rastro de división, crispación y de impotencia. Descanse en paz la nueva política.

Al final, la izquierda llegará a la campaña dividida pero no como en 2022, cuando el personal se despistaba en busca de la papeleta sin tener claro qué era lo que de verdad separaba a su partido del resto. Los andaluces encontrarán este 17-M dos opciones a la izquierda del PSOE: la de Por Andalucía y la de Adelante Andalucía. La coalición que lidera Antonio Maíllo logró el acuerdo con Podemos sobre la bocina, a cambio de un pírrico botín que para el caso era lo de menos, tal y como están las cosas. La formación morada camina sobre la irrelevancia y busca la resurrección imposible. IU esta vez no iba a aceptar presiones. Y Adelante por su parte ni siquiera se ha planteado abandonar su aventura en solitario. Hay gallitos que sólo logran resistir en el mismo corral un tiempo limitado. Y hay puñaladas que no se olvidan. La izquierda nunca ha luchado contra el adversario con tanta inquina como contra sí misma. Lo mismo por las ideas que por un escaño. La derecha también pelea por los sillones a cara de perro, faltaría más. Pero lo disimula mejor. Los populares conviven bajo un ambiente mucho más estricto y asfixiante. Las broncas internas se tapan tanto que cuando Rajoy y Casado se quisieron dar cuenta, Vox ya estaba aquí. Nadie podrá negar que son los mejores lavando los trapos sucios en casa. El aparato del partido se conduce con tanto sigilo que nadie sabe ni cómo, ni cuándo, se reparten los cargos de dirección bajo la apariencia más participativa, por supuesto.

Por el contrario, las luchas intestinas en el seno de la izquierda han sido siempre tan públicas como legendarias. Algunas entre las familias socialistas a veces nos recordaban a los protagonistas de Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah. Le daban vida al partido. Se explicaban como un síntoma de libertad, barra libre para discrepar de la dirección. Qué otra cosa podían decir antes de que Pedro Sánchez impusiera su mano de hierro. Ahora, la izquierda ya no tiene tiempo ni para discutir por un sillón. Apenas le queda margen para salvar los muebles. No puede aspirar a mucho más.

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