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Literatura

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03.04.2026

03 de abril 2026 - 03:06

Narrar no es contar una historia. La Literatura es algo más, un arte, ateniéndonos a la etimología: una técnica, se requieren ciertos aprendizajes para poder ejecutarla. Suelo vivir este periodo tan peligroso de nuestra convivencia, llamado Semana Santa, en plena sierra de Aracena, mirando montes que me devuelven siglos de historias...

Leo a la Rodoreda, en versiones de José Batlló, Ana Mª Moix y mi querida Clara Janés; es impresionante cómo el léxico adecuado, el ritmo del sonido, el uso de la puntuación va recreando la angustia, el sufrimiento, la alegría, la vida interior de sus personajes, maravillosamente revividas sus mujeres: atrapadas entre la educación y la naturaleza, entre los hombres y la libertad.

Literatura no es contar; la prosa actual es comunista, ya no contempla la posibilidad de la propiedad, del estilo: podríamos intercambiar los nombres porque sólo interesan esas supuestamente alambicadas tramas que visitan, a veces más interesantes por la supuesta intriga que por el análisis de la realidad. La escritura literaria es un filtro, como un bivalvo en mitad de la corriente: se trata de absorber el mundo y digerirlo para alimentarse, y que otros se alimenten de ti.

No es muy lírico este ejemplo pero es muy difícil explicarlo, ni pedante ni tonto, a ver... Desconfío de los tediosos, esa narrativa que intenta hacerte ver todo el tiempo que sabe más que tú y te convierte en justificación de sus frustraciones, debería ser algo más simple y accesible. Pero desconfío igual de ésta que te sirve nada aderezada con nada, que alardea de no usar adjetivos y de arrinconar las aposiciones, ésa que ha olvidado que existe el “punto y coma”, simplonería disfrazada de aparente sencillez: en realidad, más pedante que aquélla porque quiere y no puede.

No hay Literatura sin una mirada sobre el mundo, eso requiere curiosidad constante y una reconstrucción propia de la realidad; en España hemos ido apartando al intelectual, al excéntrico que tiene una visión de las cosas y al que se puede consultar (leer) como arúspice no obligatorio, preguntar (leer) como al anciano venerable que no decide pero cuya experiencia nos puede aportar algo. Ahora entrevistamos a gentes que nos hablan de su dolor, de sus placeres, de sus problemas, que se apuntan a esa basura mal digerida de la autoficción, como si existiera otro tipo de ficción, ¿y el Humanismo para cuándo? Y entonces me doy cuanta de para qué sirve la Literatura: para nada.

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