EL ASCENSO IMPETUOSO DEL NAZISMO
EL ASCENSO IMPETUOSO DEL NAZISMO
Durante los primeros años treinta del pasado siglo, el impetuoso ascenso del nazismo en Alemania resultó perceptible para los testigos sin anteojeras ideológicas. Lo denunció paladinamente en crónicas periodísticas el extremeño Francisco Vera (Alconchel, 1888-Buenos Aires, 1967), que supo captarlo en su tránsito hacia el I Congreso Internacional de Ciencias Históricas, donde representaría al Gobierno de la República Española (Varsovia, 1934). Dicho fenómeno constituye el núcleo de la novela que ese mismo año publicó Sully Carson (Surrey, UK, 1902-1941), testigo privilegiada de los acontecimientos narrados.
“La cruz torcida” (Crooked Cross) es la esvástica, el viejo símbolo que el partido de Hitler hará tristemente famoso. La joven escritora, impactada por aquella conmoción en sus viajes a Baviera, se propuso ponerla en solfa, a la vez que analizaba las posibles razones de lo que mostraba un ímpetu sociopolítico imparable, asombrosamente bien acogido por buena parte de la población alemana.
Dos son los protagonistas de la obra, espejo nítido de la realidad histórica en que se enmarca: Moritz Weismann, un apuesto cirujano católico, de origen y apellido judío, sospechoso de simpatízar con el comunismo (falso), vícitima de tratos infames, y su novia, Lexa Kluger, modelo de mujer capaz de enfrentarse a la ya casi omnipresente “bestia parda”. Sus propios hermanos, Helmy y Erich (tan distintos, de origen humilde, campesinos sin futuro), han decidido afiliarse e incluso adherirse a las SS, como también lo ha hecho el amigo Otto, un pretendiente radicalmente antisemita. Michael, inglés llegado a Baviera para aprender el idioma, alter ego de la autora, mutatis mutandis, es el más lúcido, por desinteresado, analista de cuanto estaba ocurriendo.
La cruz torcida (primera parte de una trilogía, junto con The Prisoner y A Traveller Came By) transcurre desde las Navidades de 1932 al solsticio veraniego de 1933, el tiempo real en la que Carson la compuso. Publicada ese mismo año en Inglaterra, tuvo éxito e incluso conocería una feliz adaptación dramática, para caer pronto en absoluto olvido. Los avatares de la II Guerra Mundial y la pronta muerte de la autora, arrebatada por el cáncer, la sumirían en un casi absoluto silencio. Rescatada recientemente por Persephone Books (2025), Periférica ha decidido editarla con una excelente versión a cargo de Jesús González Yumar (no se traducen los versos de las canciones alemanas reproducidas) y el muy ilustrativo prólogo de Laura Freeman.
Libros como el de S. Carson cumplen a la perfección el prototipo de la novela propuesto por É. Zola y Stendhal: transformarse en “espejo de la realidad”, que debió convertirse también en profecía avisadora. Tanto que la hacen tan valiosa para conocer una época, como el mejor estudio, sin dimitir de su decidida voluntad literaria. En medio de una conmovedora historia de amor y fidelidad, se nos facilitan posibles claves para entender cómo en aquella Alemania, tanto la urbanita (Munich) como la rural (Kranach, pueblito a la sombra del alpino Nagelspitzel, limiítrofe con Austria), donde los complejos por la última gran derrota, la pobreza, el paro, los prejuicios raciales e ideológicos y la hábil propaganda de un prometedor futuro fanatizarán no sólo a la juventud, ni únicamente a las clases menos cultas. La novelista, encarnándolo en personajes bien definidos, sabe mostrar a los agentes de lo que ya eran agresiones rotundas contra comunistas y, sobre todo judíos, muchos de los cuales van desapareciendo en campos de concentración (se avisa de Dachau), aunque los vecinos callen, disimulen… y se aprovechen.
La tragedia personal con que acaba la obra adelanta la millonariamente colectiva del holocausto ya previsible, pero que al parecer ninguno de los países más o menos implicados supo o quiso tratar de impedir. Aunque la lectura nos abrume con la angustia del drama, el texto permite también relajarse en las hermosas y acertadísimas descripciones de los paisajes, desde las cumbres nevadas a los prados y huertos floridos; el relato de los usos, costumbres y festividades campesinas o el bullicio callejero de calles y plazas convertidas a menudo en mítines cuidadosamente organizados.
Sally Carson, La cruz torcida. Cáceres, Periférica, 2026.
