La comisión de crédito público debe desaparecer
¿Qué hace la comisión de crédito público? Nada
¿Qué debe hacerse con ella? Suprimirla.
Recuerdo muy bien que nuestro inolvidable Telésforo Pedraza una de las últimas iniciativas que tuvo como parlamentario fue presentar un proyecto de ley por el cual se suprimía la comisión interparlamentaria de crédito público.
Y no le faltaban razones a Telésforo: cualquier ingenuo pensaría que, con tan pomposo nombre, esta comisión sería el santa sanctórum donde se analizarían los grandes problemas del crédito público colombiano. ¿Es exagerado o no? ¿Le conviene a Colombia endeudarse más en moneda extranjera o en pesos? ¿Cuáles son los perfiles de plazos más convenientes para nuestro país? ¿Debemos endeudarnos más en dólares o en otras monedas de reserva como el euro o los yenes?
Pues bien: nada de esto se estudia en las reuniones de la comisión interparlamentaria de crédito público. Sin embargo, pertenecer a ella es un timbre de honor para los senadores y representantes que son elegidos por sus propios colegas para representarlos.
Es una de las comisiones más apetecidas. Y la razón es relativamente sencilla: como hay endeudamientos que antes de cerrarse deben contar con la aprobación de dicha comisión, ella se convierte en la atalaya ideal para presionar al ministro de hacienda; no sobre asuntos atinentes a la política de crédito público de Colombia, sino sobre infinidad de otros asuntos -diferentes todos a las políticas de endeudamiento- que les interesan a los parlamentarios en su proselitismo regional.
Cuando se lee la historia reciente del viacrucis que sufrió el exministro Bonilla, que terminó llevándolo a la cárcel, es fácil concluir por qué tuvo un final tan desafortunado: porque las presiones indebidas de los parlamentarios que hacían parte de esta comisión lo presionaron de tal manera que terminaron causándole un daño irreparable y fatal a su reputación, y, en cierta manera, fueron quienes lo llevaron a la cárcel. Por flojera del ministro o por indebidos intereses de quienes por hacer parte de esta comisión creyeron que eso les daba título para condicionar su aprobación los empréstitos públicos que llegaban a su consideración a la obtención de gabelas o cupos indicativos que nada tenían que ver con los procesos de endeudamiento público del país.
La comisión interparlamentaria de crédito público es una institución malsana, inútil y proclive a la corrupción. Debe por ello suprimirse.
No le agrega nada a la bienandanza del endeudamiento público que, por cierto, anda desmadrado por estos días desde que se metió al congelador, por este gobierno, la regla fiscal. Desde entonces ha desaparecido la última muralla que existía para asegurar la contención y la sindéresis en el endeudamiento público.
El gobierno Petro ha descubierto irresponsablemente que un endeudamiento sin límite como el actual es un sistema práctico e indoloro para financiar la maquina gigantesca de gasto público que está en marcha.
Pero llegará el día en que los bonos que hoy está colocando alegremente al 14% (la tasa más alta de América Latina) habrá que pagarlos. Será el momento de la atrición. Y será también la ocasión en que dolorosamente nos daremos cuenta que la flamante comisión de crédito público por cuya pertenencia se pelean a dentelladas los parlamentarios para tampoco ha servido para nada. Salvo para atizar la corrupción y extorsionar ministros.
*Exministro de Estado
