Turbulencias en la casa de Abascal
21 de marzo 2026 - 03:08
La mala noticia para Vox no es que haya visto frenado su meteórico ascenso en las elecciones castellanoleonesas. Al fin y al cabo, aunque no colmó allí sus expectativas y se vio superado claramente por PP y PSOE, subió en votos y ganó un escaño. La mala noticia es que está viviendo su primera gran crisis interna.
Vox es singular hasta para eso. Resulta paradójico que la formación ultra entre en una espiral de disidencias, depuraciones y divisiones cuando las urnas le sonríen, al contrario de los demás partidos, en los que peleas y purgas acompañan siempre y sin remedio a la derrota y la decadencia.
No sé si es por la endeblez intelectual de Santiago Abascal o por que Vox es el partido más estalinista de España, el caso es que de la foto fundacional del patriótico grupo van desapareciendo la mayoría de sus sonrientes –entonces– integrantes, uno tras otro y siempre por dictados de Abascal.
La purga ha afectado a gente tan principal de la ultraderecha como el veterano titular del carné número uno del partido, el ex secretario general Javier Smith, el ex portavoz Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Macarena Olona, el ex vicepresidente de Castilla y León o el ex vicepresidente de Murcia. Todos han cometido un solo pecado: discrepar del Líder en un partido extremadamente jerarquizado y con estructuras intermedias decorativas.
Una quincena de ex dirigentes apartados o marginados por la cúpula voxera han exigido la convocatoria de un congreso extraordinario tras denunciar el empobrecimiento del proyecto, la desaparición de la autocrítica y la concentración extrema del poder. O sea, a Abascal. Van a tener un éxito indescriptible: ni caso. La plena confirmación de que llevan razón.
Plantean cuestiones de bastante interés político (la salida de Vox del grupo europeo en el que está Meloni, el giro iliberal de la organización, cierta deriva antimonárquica), pero también cuestionan la figura de Abascal, con acusaciones de tráfico de influencias, colusión de intereses materiales y de partido y financiación opaca. Son denuncias graves, que probablemente llegarán al ámbito penal y que dañan la reputación del tercer partido de la nación. 33 diputados en el Congreso y 130 en los parlamentos autonómicos dan fe.
A votantes tan emocionales y crédulos como los de Vox estas cosas no les suelen afectar... hasta que les afectan.
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