La resignación como valor político
18 de marzo 2026 - 03:09
Los resultados de las elecciones en Castilla y León, sin dejar de ser los previstos, han dejado cierto regusto agridulce a unos y a otros, que cada cual disimula como puede. Los populares vendiendo su clara victoria con un énfasis exagerado; los de Abascal crecen, aunque menos de lo que esperaban; y los socialistas se mantienen, lo que no es poco, vistos los precedentes de Extremadura y Aragón. En general, diríase que en todos ellos hay un cierto tono de resignación, como si algún tope oculto impidiera celebrar los resultados.
La mayoría de los análisis ofrecen una primera conclusión: los partidos de la derecha están obligados a entenderse, o lo que es lo mismo, a gobernar juntos, algo que Feijóo da por descontado, y Abascal admite con la boca pequeña. Quizá el tono excesivamente hosco del segundo ha podido influir en el frustrado objetivo de alcanzar el 20% de los sufragios, reasignando a su partido el papel de fuerza complementaria llamada a ejercer un papel de control del socio/adversario, que en realidad coincide con el que le tienen asignado la mayoría de sus muchos votantes. Lo verdaderamente novedoso de la política contemporánea es la manera que ha venido mostrando el PP de encarar su relación con Vox, que ha pasado de la displicencia a la resignación, y encaja mejor con las posibilidades reales del partido, considerando además que la mayoría absoluta de Andalucía no está ni mucho menos asegurada.
Pero si todo lo anterior resulta más o menos verosímil, hay una segunda incógnita mucho más difícil de despejar: ¿Cómo afectarán estos juegos en el tablero en la política nacional? Sentada la hegemonía de la derecha en la política regional, con las excepciones nacionalistas de siempre, ¿es extrapolable esta superioridad a unos comicios nacionales? La tendencia del voto hacia una mayoría de derechas así parece confirmarlo, y además está en línea con las principales democracias europeas, pero… un PSOE muy desgastado pero aglutinador de casi todo el voto de la izquierda, con feudos amplios como el catalán y esa cínica habilidad contrastada para asociarse con socios de todo pelaje, unido a las peculiaridades del sistema electoral español, indica que todavía queda mucho por recorrer. Quizás por eso, en los semblantes socialistas que vemos estos días por la televisión, nada parece indicar, de momento, resignación ante la derrota.
También te puede interesar
Manuel Gregorio González
Vox empieza a conocer la amargura
Un remedio contra el desánimo
La resignación como valor político
Antonio Lizana: “Estoy inmerso en mi próximo álbum”
