La segunda primavera
Aparqué el coche en lo álgido de la calle Santa Catarina, casi en la plaza de Marquês, y cuesta abajo mi compañía y yo escapábamos al calor. Unos obreros brillaban y cantaban desde la cima de un andamio. Todo el Sol murió al entrar en aquella cafetería. El hombre tras la barra asintió sin hacerme saber si me comprendía y, poco después, tres tostas mixtas nos callaron a nosotros. El sabor no daba lugar a error.
Aquel primer jueves del festival Primavera Sound, que en su edición portuguesa se celebra en el Parque da Cidade, los horarios prometían dejarnos sin descanso en lo más parecido a una jornada laboral en forma de ocio. Cada año, la misma gestión. Estación de metro, máquina expendedora de tarjeta metropolitana, validar un título para la zona Z3 de la ciudad, pagar con tarjeta, esperar la línea azul y atravesar la ciudad hasta la parada Câmara de Matosinhos.
El cantante Rusowsky tuvo la fortuna de actuar en el escenario en diagonal, el que posee la mejor luz y cuenta con una entrada de brisa marina más clara. En el aire, aerosol de agua y tierra batida se combinaban con los rayos anaranjados dando lugar a un anuncio mediterráneo, mientras de fondo sonaban ‘Sophia', ‘Pink pink’ o ‘Malibú’. El concierto inaugural sentó alto el nivel y confirmó al madrileño como un artista diferenciado, con una presencia escénica desconcertante y gran capacidad para movilizar el ánimo. Sus estribillos nos acompañaron el resto de días.
Tras la primera recarga de bebida, caminamos........
