Si no crees en Dios, respeta
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CompartirLa actriz y presentadora Silvia Abril no ha sido noticia estos días por su trabajo, sino por sacudirse sus complejos el pasado sábado en la ... alfombra roja de los Goya faltando el respeto a los millones de creyentes, al calificar a la Iglesia de «chiringuito» y al despreciar a los jóvenes, con una superioridad moral impostada, por echarse en los brazos de Dios, que no es mala cosa.
Yo soy cristiana y, por tanto, me siento ofendida, pero no soy buena cristiana, aunque luche cada día por ser un poco mejor persona. Y no soy buena cristiana porque el Jesús de los cristianos la perdonaría y rezaría por ella y a mí me está costando.
Una buena cristiana pondría la otra mejilla, como Jesús nos enseña en el Evangelio y yo, que solo lo intento, le digo a la señora Abril que es una cobarde, porque sabe que los cristianos de verdad practican el perdón y rezan por ella, pero yo la llamo cobarde porque nunca se atrevería contra el Islam.
Tampoco soy un ejemplo de buena cristiana porque si lo fuera, nunca le diría que es fácil hablar del «chiringuito» de la Iglesia y callar contra los socialistas que abusan de las mujeres haciendo valer su poder con la bragueta bajada o contra ministros y cargos del PSOE que colocaban a sus «amigas, queridas o amantes» que pagábamos todos con nuestros impuestos.
A Silvia Abril le voy a decir que ojalá ella también tratara de acercarse a la fe porque, aunque fuera una mala cristiana como yo, trataría de seguir el ejemplo de Jesús, que es el perdón, es amor y es tender una mano al que lo necesita.
«Si no crees en Dios, te doy su teléfono», es lo que le diría el guionista, director de cine y un buen cristiano Paco Arango a Silvia Abril.
Arango le recomendaría su libro, un libro que recopila su experiencia tras 25 años dándole su mano a los niños con cáncer en sus últimos días de vida en distintos hospitales.
Un ejemplo de lo que es la oración y Dios cuando nosotros no sabemos resolver o no tenemos respuestas para los problemas, un libro que habla de amor, no de los chiringuitos que Abril no se atreve o no quiere denunciar en el escenario de los Goya.
La Iglesia llega donde no llegan muchos políticos poco ejemplares que pisan la alfombra roja cada año para hablarnos de cualquier problema, menos de los que tenemos en casa que, por cierto, son muchos porque cada vez hay más españoles que no llegan a fin de mes.
La Iglesia es la que atiende a los más desfavorecidos de la sociedad, la que está en los lugares donde hay hambre, donde hay guerra y donde ni siquiera llegan las «flotillas» de atrezo teatral de Ada Colau, a las que, seguramente, aplaude a rabiar Silvia Abril.
La Iglesias está con los drogadictos, con los enfermos terminales o con los excluidos por la sociedad y que nunca pisarán la alfombra roja de Silvia Abril.
«Nací con el don de la fe y no lo he perdido nunca, gracias a Dios. Y yo que he estado 25 años ayudando a niños con cáncer y, lamentablemente, ayudando a muchos a irse a la luz, porque parte de mi cometido es ese, en lugar de maldecir al Creador, lo que aseguro es que yo he visto al Míster llorando en las esquinas de los hospitales». El testimonio no es mío, es de Paco Arango.
Tener fe es un don, un privilegio y no es fácil, pero yo quiero tener ejemplos en mi vida como el de Paco Arango, no como el de Silvia Abril. Arango me aporta, me llena, me acompaña, me enseña lo que es el amor de Dios y no me extraña que los jóvenes cada vez se acerquen más al camino del cristianismo.
Lo que sí te tengo que agradecer a Silvia Abril es que haya conseguido que muchos jóvenes confiesen sin ningún tipo de vergüenza su fe.
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