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Donde ya no nacen niños

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05.03.2026

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En campaña electoral todos quieren que nazcan niños. Suben las ayudas, bajan los impuestos, prometen cheques bebés... Pero hay pueblos donde el problema no es ... cuánto se paga por hijo, sino directamente la falta de niños.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 154 municipios de la provincia no ha nacido ni un solo niño. Ni uno. No hablamos de pueblos remotos o aislados, sino sencillamente de pueblos sin relevo. La estadística es fría, pero el impacto de las cifras es devastador: hay territorios en Salamanca donde la vida ya no empieza.

El relato es todavía peor si miramos el saldo vegetativo: solo 25 municipios cerraron el año con más nacimientos que defunciones. En el resto, la balanza siguió inclinándose del lado del envejecimiento.

Cada año son más los pueblos donde el cementerio crece más rápido que el padrón. Y no es una metáfora literaria, sino nuestra triste realidad demográfica.

Tampoco es casualidad que estos 25 municipios que presuman de saldo positivo sean localidades que mantienen servicios. La ecuación es sencilla: donde hay condiciones para quedarse a vivir, hay nacimientos. Donde no las hay, no basta con promesas.

Hace más de una década que en la provincia de Salamanca no podemos hablar de crecimiento vegetativo positivo, puesto que las muertes superan en un 36 % los nacimientos.

Insisto. A los políticos les gusta hablar de natalidad. Poner los datos encima de la mesa y proponer ayudas e incentivos. El problema es que para muchos pueblos ya es tarde.

La cuestión de fondo es si estamos ante un fenómeno reversible o ante un proceso asumido con resignación. Porque los datos del INE no hablan de un mal año, sino de una tendencia consolidada. Y un problema así no se corrige con proclamas ni discursos, sino con políticas sostenidas y pensadas para cada territorio.

Pese a todos los males estadísticos, en este mapa demográfico lleno de ceros hay excepciones que traen un rayito de esperanza. Como en Las Casas del Conde, donde la pasada primavera nacía Miguel Ángel, el primer niño después de 52 años sin un solo nacimiento. Su padre, Juan José Acera, que además es el alcalde, habló directamente de «hito». Y así es. Un hito que, más allá del titular, retrata la magnitud del desafío al que se enfrenta nuestra provincia, donde el horizonte demográfico es cada vez más incierto.

La experiencia demuestra que la natalidad no se impulsa desde medidas puntuales ni con cheques bebés que ayuden a pagar los pañales del primer año. Si queremos que nazcan niños en nuestros pueblos habrá que apostar por la sanidad, por el empleo, por viviendas asequibles, por una conexión a internet digna, por el transporte... Porque cuando hay servicios, la rueda -aunque sea lentamente- puede volver a girar.

La pregunta no es si esta caída demográfica es reversible sino cuánto estamos dispuestos a invertir en lograr que así sea. Y no solo hablamos de dinero, sino también de planificación. De una verdadera apuesta por el medio rural.

Ojalá que el nacimiento de un niño en un pueblo deje algún día de ser noticia. Que la llegada del pequeño Miguel Ángel no se quede en un titular y que represente realmente un motivo de esperanza para Las Casas del Conde. Pero para que su historia deje de ser excepcional se necesitan políticas constantes.

Un municipio no se vacía de la noche a la mañana; y si realmente creemos en el medio rural habrá que demostrarlo con hechos (y presupuesto). Solo así conseguiremos que nacer en algunos pueblos deje de ser un hito.

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