Restaurar el Fonseca
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CompartirHace más de quinientos años, el arzobispo Alonso III de Fonseca, hijo del arzobispo Alonso de Fonseca y Acevedo, fundó en Salamanca el Colegio Mayor ... de Santiago el Zebedeo. Sus muros rebosan historia. Los mejores arquitectos de la época participaron en su construcción, que comenzó casi al tiempo que las obras de la Fachada de la Universidad. De su conclusión fueron testigos Fray Luis o Francisco Salinas. Hoy residencia universitaria, fue morada de eclesiásticos, refugio de perseguidos por su fe o embajada nazi durante gran parte de nuestra última Guerra Civil.
Conservemos el patrimonio cultural que nos legaron nuestros mayores para que permanezca entre quienes nos sucedan. Que la Universidad de Salamanca promueva la restauración del Colegio Fonseca es algo que debe celebrarse. Los años no pasan en balde: se han detectado humedades, deterioro de pavimentos, arquerías y pináculos, así como meteorización de la piedra y la presencia de musgo y líquenes que deben eliminarse. Además, se quiere restaurar el retablo que Alonso Berruguete esculpió para el altar de la capilla.
Según informa LA GACETA, la institución académica ha pedido al Gobierno central que colabore en la financiación de las obras con cargo a los fondos del programa «2% Cultural». Ojalá el Ministerio afronte la mitad de lo que cuesten las actuaciones, que es el máximo previsto en la convocatoria. La Comisión Territorial de Patrimonio ya ha mostrado su apoyo unánime a la iniciativa.
Una inscripción situada en el lado de la epístola de la capilla del Colegio, próxima al altar, recuerda que el templo fue erigido para cobijar los restos de su fundador. Murió el Arzobispo en Alcalá de Henares y nada se sabe de sus huesos. ¿Asomarán durante las obras? En la restauración del convento de los Dominicos aparecieron los de Francisco de Vitoria, cuya cátedra de Teología en la Universidad de Salamanca cumple ahora cinco siglos.
Una cosa ruego a quienes, con acierto, han activado esta iniciativa: si realmente desean preservar el Colegio, procuren que nadie lo mancille. Terminemos de una vez con las exhibiciones de vehículos de lujo en la plataforma de acceso al edificio, acabemos con el uso del claustro y sus instalaciones para actividades puramente comerciales, prohibamos terminantemente la instalación de banderas publicitarias al pie de su fachada plateresca y reconsideremos seriamente las «Noches del Fonseca», cuya celebración, probablemente, ha causado más daños al claustro que varios siglos de historia.
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