Clases de pensar con el corazón
José Carlos Rodríguez Álvarez, sacerdote en Reboreda / Marta G. Brea
¡Qué bien que ya es martes y vuelve a haber clase! Eso pensaban todos los martes una treintena de curas jóvenes o no tanto y escasos seglares, que acudieron regularmente por las mañanas a las clases impartidas en el Centro Teológico de Vigo albergado en el Seminario Mayor. Coloquialmente tendré que añadir que este año ha sido una pasada de gozo tal iniciativa cultural cobijada bajo el título de Formación Permanente. El objetivo del centro es atender a la formación continuada de clérigos y seglares en las materias eclesiales con una cierta altura intelectual, pero dicen que quiere ser también un estupendo método pedagógico para mantener actualizados y al día a los profesores pertenecientes al claustro. Es ya indiscutible atractivo para quienes voluntariamente desean no perder el ritmo de los recientes avances de la investigación en teología, derecho canónico, estudios bíblicos, historia, pastoral, moral social y tantas otras materias.
No es este el lugar para pormenorizar las temáticas abordadas. Sólo diré que este año se expusieron como materias de fondo: 8 clases referidas al documento pontificio «Antiqua et nova: nota sobre la inteligencia artificial y la inteligencia humana», que distintos técnicos, abordaron, con altura y claridad, desde diversas perspectivas: técnica, filosófica, moral, antropológica. El otro tema de fondo más eclesial fue el de «La iniciación cristiana». Tuvieron asimismo muchísimo jugo y disfrute intelectual los llamados cursos monográficos acerca de «cuestiones selectas de cristología»; «historia y personalidades de nuestra diócesis»: el poeta y obispo Lago González, Fray Rosendo Salvado y el 800 aniversario de la consagración de nuestra catedral de Tuy. Igualmente, atractivas las cuatro clases acerca de la importancia de la Literatura, clásica y contemporánea. Genial el planteamiento y su desarrollo con aplausos reiterados para todos los profes, pues así concluyeron la mayoría de las clases.
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Confieso sin embargo que deseaba entretenerme en destacar particularmente agradecido –sin rebajar para nada el aprecio y consideración a los demás ponentes– las cuatro clases de «Filosofía contemporánea» impartidas por el profesor José Carlos Rodríguez Álvarez y que se resumen en el titular de estas líneas, «pensar con el corazón». ¡Queremos más clases de «Saja»! como le apodan sus compañeros de estudios. Ejerce actualmente como humilde y tímido cura en la redondelana feligresía de Reboreda y es todo un crack de la reflexión filosófica. En sus clases nos llevó de la mano tras los pasos, la voz y la vida de cuatro mujeres: «cuatro pensadoras del siglo XX Simone Weil, Edith Stein, Hannah Arendt y María Zambrano, voces de mujeres en un campo marcado casi exclusivamente por voces de varón». «Ellas unen, subrayaba el profe, reflexión y vida, ninguna de ellas vendió su alma a la idea, fueron más allá de la Filosofía, pusieron en el centro de su pensamiento algo que no tiene que ver con la historia de las ideas, sino con la realidad vital, que es la materia y la fuente originaria del hacer y el pensar en libertad». Naturalmente, clases así ayudan a pensar, a querer y a vivir, por eso arrancan aplausos.
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