Carriles bici, no autopistas
Un usuario de patinete en el carril bici de la calle Venezuela. / Marta G. Brea
Pocas cosas aportan cuando eres niño mayor sensación de libertad, independencia y velocidad —todo hay que decirlo— que una bicicleta. Lo comprobé este fin de semana con mis hijos. Con la mayor (7), el sábado, tras un paseo padre-hija de unos seis kilómetros por la costa, con parada en boxes a la vuelta para tomar un helado —había que reponer fuerzas—; y con el pequeño (4), el domingo, cuando por fin se soltó con una bici de mayores. Iba a sujetarlo, pero, al segundo, me dijo «déjame» y empezó a pedalear como si lo hubiese hecho toda la vida. Dos escenarios y dos protagonistas diferentes, pero la misma sonrisa de felicidad.
Bromeamos en casa con que el próximo año ya podemos ir a competir en familia a O Marisquiño, con Pity y compañía. Por cierto, el peque también quiere ser skater: se quedó alucinado con el ambiente del festival........
