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Israel y EE UU

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14.03.2026

En sus bombardeos indiscriminados, que tienen cada vez más como objetivo a la población civil iraní, Estados Unidos e Israel están matando a mucha gente que podía estar en principio contra el régimen de los mulás.

La mayoría de los opositores a la República Islámica —profesionales liberales, universitarios, por ejemplo— vive sobre todo en las ciudades y no en las zonas rurales, y Teherán e Isfahán han sido las urbes más castigadas por la furia criminal de los atacantes.

Como se ha visto en las multitudinarias manifestaciones a favor del régimen y de clara condena de la guerra desatada contra Irán por el presidente Donald Trump y su amigo, el primer ministro iraní, Benjamin Netanyahu, los ataques han unido, en lugar de dividir, al pueblo. Es lo que ocurre cuando la propia existencia de la nación está en peligro.

Siendo cierto que muchos ciudadanos están contra ese régimen islámico radical, los medios de Occidente exageran muchas veces la magnitud de esa oposición cuando sus reporteros entrevistan bien a gente que trata de huir a Turquía, bien a personas que contestan en inglés pero que no son, ni mucho menos, representativas del ciudadano medio iraní.

¿Cómo pensar que cualquier iraní, aunque no haya comulgado nunca con el régimen de los ayatolas, va a aprobar la destrucción en los bombardeos de hospitales, de escuelas infantiles con todos sus niños dentro, de depósitos o refinerías de petróleo o plantas desalinizadoras?

La práctica criminal que ha llevado a cabo Israel en la franja de Gaza parece haberse normalizado y ahora ese país y Estados Unidos la están replicando en un país tan extenso y montañoso como es Irán.

Pero si el tan soberbio como ignorante Donald Trump pensó que el pueblo iraní se levantaría contra los ayatolas en cuanto el país sufriera los primeros bombardeos, resulta difícil creer que Benjamin Netanyahu compartiera esa ilusión. No en vano figuran los servicios secretos israelíes, junto al MI6 británico, entre los mejores del mundo.

Incluso uno puede dudar de que el Mosad no hubiese estado al tanto de lo que preparaba Hamás cuando este grupo armado de resistencia a la ocupación de Gaza lanzó su espectacular ataque del 7 de octubre de 2023 contra los sionistas.

El objetivo de Netanyahu en Irán parece no haber sido otro que provocar una situación de caos aunque ello llevase a una larga guerra, y no el paseo militar que quería Trump, distraer mientras tanto de sus problemas con la justicia israelí, que le investiga por corrupción, y llegar hasta las próximas elecciones en octubre de este año.

En eso de tratar de distraer de sus problemas internos coinciden sin duda Trump y Netanyahu: la operación Furia Épica está sirviéndole al ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump, para que los medios apenas mencionen últimamente los papeles de Epstein y hablen del cierre del estrecho de Ormuz y del minado por Irán de sus aguas.

Por cierto, que mientras que el petróleo de los aliados árabes de Estados Unidos no puede atravesar ese estrecho por temor al hundimiento de los barcos, lo que ha obligado al mundo a echar mano de sus reservas, parece que el propio Irán está exportando más crudo que nunca.

Y para enojo del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, Donald Trump se ha visto incluso obligado a levantar las sanciones a las ventas del petróleo ruso a países que tanto lo necesitan como la India. Ese es otro de los efectos no deseados de esa nueva guerra totalmente al margen del derecho internacional.

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