Coordinación de la intimidad
Hace unos días, bicheando las redes sociales, me encontré con una entrevista a la actriz Kirsten Dunst. Hablaba del famoso beso de Spiderman, ese momento en el que el hombre araña está boca abajo y le planta un beso bajo la lluvia, con la posterior sonrisa de ella y toda la pompa que ya te estás imaginando. Lo que a nuestros ojos puede ser un momento romántico e icónico para ella fue una pesadilla: dice que hacía frío y que no podían respirar correctamente, lo cual se tradujo en horas de grabación incómodas y desastrosas a pesar del resultado final. Tirando un poquito del hilo, la actriz además explica que su primer beso en la boca real fue con 11 años y también fue en la gran pantalla, en la película «Entrevista con el Vampiro», y con Brad Pitt, que en ese momento tenía 31 años.
Cuando uno escucha estas historias entiende mejor por qué, en los últimos años, ha aparecido en el cine una profesión nueva que puede sonar como mínimo extravagante y curiosa: la asesoría de intimidad. En inglés: «intimacy coordinators» y su función es supervisar las escenas íntimas en los rodajes. Besos, desnudos, sexo simulado o cualquier situación donde el cuerpo y la intimidad de quienes interpretan están en juego.
Durante décadas este tipo de secuencias se rodaban con bastante improvisación. El guión decía «se besan» o «se acuestan» y, a partir de ahí, el director daba indicaciones generales y luego resolvían la escena como podían. A veces funcionaba, otras veces no tanto. Y muchas veces generaba incomodidades que quedaban en silencio porque se entendía que «formaba parte del trabajo».
La aparición de estas y estos profesionales intenta cambiar precisamente eso. Su trabajo empieza antes de que se enciendan las cámaras. Hablan con intérpretes, revisan el guión y concretan exactamente qué va a ocurrir en esas escenas, qué tipo de contacto habrá, cuánto durará, qué partes del cuerpo se verán y cuáles no. Todo queda pactado previamente, y después se ensaya como si fuera una coreografía.
Además de este ensayo coreográfico existen trucos y técnicas que el público nunca ve: prendas especiales para cubrir zonas íntimas, barreras de tela entre cuerpos o posiciones que permiten simular contacto sin que exista realmente. En el set, la persona responsable de la coordinación de intimidad también suele estar presente para comprobar que lo acordado se respeta.
Actrices y actores han contado que esto cambia bastante la experiencia del rodaje. La actriz Emma Thompson explicó hace poco que trabajar con una coordinadora de intimidad le permitió rodar las partes delicadas con mucha más tranquilidad. Saber exactamente qué va a pasar y qué no va a pasar reduce bastante la incertidumbre y por tanto la ansiedad de un momento que, en realidad, tiene poco de romántico y mucho de técnico.
Quizá esa es la parte más curiosa de todo esto: lo que el espectador ve como pasión, deseo o química entre personajes suele ser, en realidad, una escena cuidadosamente diseñada. Con marcas en el suelo, indicaciones de cámara, repeticiones infinitas… y ahora también con profesionales que se ocupan de proteger la intimidad de quienes están delante del objetivo.
Puede que el cine y las series sigan vendiéndonos historias de amor y besos bajo la lluvia. Pero detrás de la cámara cada vez se parece menos a un impulso romántico y más a algo bastante sensato: una coreografía pactada donde el consentimiento y los límites están claros.
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Y dicho esto, placeres, os mando muchos besos y abrazos coordinados, y nos leemos y escuchamos en www.saludplacer.com.
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