Agua y fuego
José Olaya no llevaba uniforme militar, era un pescador. En junio de 1823, cuando Lima estaba ocupada por las fuerzas realistas, cruzaba a nado el mar para llevar mensajes entre los patriotas del Callao y Lima. Fue capturado, torturado y condenado a muerte. No entregó la información que tenía. Antes de ser fusilado, dejó una frase que todavía repetimos cuando hablamos de patriotismo: “Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por mi Patria”. Dos siglos después, la palabra Patria suena demasiado solemne para la vida cotidiana. La pronunciamos en ceremonias, la vemos en banderas y la escuchamos en los discursos. Pero estos días, mientras los incendios forestales avanzan por la sierra devorando los sueños de nuestros compatriotas, hay peruanos que demuestran que defenderla aún es posible. Esta vez, sin embargo, no enfrentan el agua helada del Callao, sino el fuego........
