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Realmente ¿cuál será el destino de Nicolás Maduro?

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27.03.2026

El mismo instante en que supimos que Nicolás Maduro, ex dictador de Venezuela, había sido extraído de sus aposentos en Caracas, por fuerzas de élite de los Estados Unidos con inmediato rumbo hacia la ciudad de Nueva York –Operación Resolución Absoluta–, para que sea juzgado por los cargos de conspiración para la importación de armas y cocaína, advertí que sería muy difícil, o si se prefiere, prácticamente imposible, que pudiera ser declarado inocente y, en consecuencia, retornar a su patria, como habiendo salido airoso de polvo y paja. Esta realidad, por más audiencias que sigan, será lo mismo que esforzarse en saco roto, pues el único escenario realista para Maduro es su encarcelamiento de por vida, siguiendo la misma suerte que Manuel Antonio Noriega, exdictador de Panamá, también encarcelado por narcotráfico en 1989. Su caso, aunque formalmente jurídico, por donde se lo mire, tiene una enorme connotación  política para las acciones de seguridad que ha emprendido la Casa Blanca, mirando al país sudamericano en su ratio geopolítica que, a la luz de Washington, ha venido constituyendo una seria amenaza para la integridad de los ciudadanos estadounidenses, y desde luego, para la tranquilidad social nacional e internacional. Su abogado estadounidense, acaba de ser muy claro en declarar que, si acaso no se le permite cobrar sus honorarios con dinero que viene de Venezuela –la administración de Trump los ha congelado al considerar que se trata dinero de origen ilícito–, entonces, y muy a su pesar, tendrá que abandonar la causa. No veo a EE.UU. y a todo su aparato judicial poniendo en libertad a Maduro, que sería lo mismo que cediendo a la completa ruina política para sus captores, pudiendo significar un serio retroceso para el propio Donald Trump, con sabor a derrota política, como para los objetivos que se ha propuesto, mirando el contexto internacional en el que se mueve EE.UU., donde las hipótesis que considera el mandatario neoyorquino son únicamente las de victorias. El destino de Maduro, entonces, será vivir entre las rejas y para siempre, y no lo decimos porque lo quisiéramos, a pesar del grave daño que le ha ocasionado a los venezolanos, generando la mayor oleada migratoria que registra el país llanero en su historia, y en nuestra región, pues siempre nos domina nuestra condición humana de solidaridad, aun en los momentos más desgraciados para la persona humana. Todo lo que sucede a Maduro no será tirado por la borda por Trump, que le puso la cruz hace ya buen tiempo. Maduro no es un factor que deba ser contemplado para escenarios ulteriores en Venezuela. Junto a su esposa, Cilia Flores, están fuera del esquema político planeado por Washington sobre Caracas y no son condición de nada y para nada. La justicia estadounidense, es verdad que actúa por cuerda separada y distinta de la Casa Blanca, pero si de algo debemos estar seguros, que ninguna cuerda del aparato funcional del país, haría algo que pudiera poner en grave riesgo el destino del país. La única verdad, entonces, es que el otro destino, el de Maduro y su esposa, se ve muy lejos de Venezuela y completamente adverso para ambos.

(*) Excanciller del Perú e Internacionalista

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