El derecho que condenó a muerte a Jesús de Nazaret
Quisiera referirme a Jesús de Nazaret, en su condición humana, que remeció al mundo antiguo en que vivió, y en el que se impuso el derecho de Roma, el hegemón de esa época de la historia universal, cuya justicia lo juzgó y condenó a morir en la cruz. En primer lugar, el juicio al que fue sometido, fue uno de los más injustos de la historia. Jesús, nunca contó con un debido proceso, y en los interrogatorios –fue torturado y degradada su condición humana– en el seno del Sanedrín judío, y en el palacio del Gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, jamás contó con un abogado para su defensa. No era el caso que no lo pidiera ni que lo quisiera –no lo hubiera reclamado–, sino que nunca se lo ofrecieron, que es distinto. En los tiempos de Jesús, el derecho vivió la etapa de la confusión, es decir, los criterios jurídicos fueron confundidos con los morales –hoy están claramente separados–, y por eso, la sentencia a muerte fue inevitable. Como digo a mis alumnos, hoy es insostenible que un juez emita un fallo en base a argumentos morales, y no estoy diciendo que el derecho sea inmoral, si no que una conducta jurídica no puede ser valorada con criterio moral. Por ejemplo, un sacerdote que viola a una niña, que luego fallece por el ultraje, será condenado a cadena perpetua -yo le aplicaría la pena de muerte-, que es lo justo, conforme a la ley, y no por designio de Dios que juzga la conducta moral del hombre. Jesús, sin proponérselo, fue un revolucionario porque rompió el establishment de su tiempo al predicar que los hombres son iguales por naturaleza, lo que sería el iusnaturalismo o derecho natural en los siglos XVII y XVIII, que acabó con el derecho divino. Así, Jesús, cuestionó la desigualdad legitimada por los sabios griegos y juridizada por los jurisconsultos romanos, al condenar la esclavitud, que había convertido al hombre a la condición de cosa, pero lo hizo sin odio, pregonando, el amor al prójimo, una categoría axiológica impensada o ausente en su tiempo. La esclavitud fue la base de la economía del mundo antiguo –Espartaco fue aplastado por Roma y el Libertador José de San Martín no pudo abolirla, en 1821, a pesar de haberla prometido–, por eso Jesús fue visto como un antisistema. Fue el precursor más remoto de los derechos humanos. De hecho, Jesús fue visto como un conspirador y una amenaza política, y por eso, decidieron deshacerse de él, crucificándolo. Los romanos sabían que era inocente, pero no les importó, como a Messala para destruir a Judá Ben-Hur y a su familia, en la afamada película ganadora de 11 Oscar de la Academia. La verdad es que los juzgadores de Jesús se lavaron las manos –como siguen haciendo muchos–, con tal de que su poder siguiera intacto, consiguiendo apaciguar al influyente pero herido Sanedrín, atestado de fariseos. Con ellos, una multitud manipulada –también como hasta ahora–, que pidió su muerte, ambos nunca entendieron que Jesús era rey, pero su reino no era de este mundo.
(*) Excanciller del Perú e Internacionalista
Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.
📲 Noticias a tu WhatsApp
Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.
