Quechua, productividad y poder: la deuda que define la elección
Los resultados electorales vuelven a evidenciar una fractura clara entre Lima y el Ande, una brecha estructural que arrastra siglos sin resolverse. Mientras la capital concentra decisiones, el sur andino expresa, elección tras elección, un reclamo persistente de integración real. En ese escenario, hay un factor que los candidatos que pasen a segunda vuelta deberían traer al debate: el idioma milenario en el que millones de peruanos intentan insertarse en la economía moderna. Más de seis millones de peruanos hablan quechua. Sin embargo, el idioma carece de vocablos consolidados de tecnología, economía, emprendimiento y Estado propios de la era industrial, analógica y digital. Esa ausencia impacta directamente en la productividad. En el Ande, donde se genera gran parte de la riqueza del país, la población enfrenta limitaciones conceptuales para integrarse plenamente al mundo moderno. Esto se traduce en economías de subsistencia y pobreza, pese a que estas regiones sostienen buena parte de las exportaciones nacionales. La contradicción es evidente: territorios que producen riqueza con poblaciones que no logran convertirla en bienestar por el limitado acceso al conocimiento en su lengua originaria. Durante 500 años —300 de virreinato y 200 de república— el quechua quedó relegado a funciones........
