La elección no es entre nuevos, sino entre capaces
A partir del 9 de abril está prohibido publicar encuestas y, aun así, cerca del 40% del electorado no sabe por quién votar. Una parte de ese porcentaje se reducirá el mismo día de la elección, pero es razonable proyectar que quedará alrededor de un 30% de voto indeciso, suficiente para que un outsider pueda pasar a segunda vuelta junto con uno de los candidatos punteros. El sistema está fragmentado como nunca. Más de treinta candidaturas, ninguna consolidada y un rechazo que supera el 40% generan un escenario donde nadie lidera con claridad. Esto no es solo desorden: es una señal de vacío de representación. El outsider es una consecuencia natural del momento político, pero ya no basta con ser “distinto”. Hoy el elector busca a alguien que resuelva el principal problema del país, la criminalidad que cada día cobra más vidas. Ese es el eje que definirá la elección y quien logre encausarlo tendrá ventaja frente a cualquier candidatura. Aquí aparece el punto central: el outsider que puede capitalizar ese 30% no puede ser improvisado. Tiene que ser un estadista, con características muy concretas. Primero, capacidad real de mando. La ciudadanía necesita percibir que esa persona puede conducir a las fuerzas........
