¡Cuidado! Con las encuestas
Las cercanas elecciones generales, a las cuales acudiremos con mucho escepticismo y evidente preocupación por lo que puede resultar, como consecuencia de la forma cómo la ciudadanía orientará su voto, tiene su fuente de inspiración que se origina de lo que hemos podido comprobar en los primeros debates de los candidatos a la presidencia de la república, organizados por el Jurado Nacional de Elecciones, y que se caracterizaron por la ausencia de propuestas concretas y viables, que permitan resolver los agudos problemas que padecemos; y, asimismo, por el elevado número de postulantes al sillón de Pizarro, lo cual va a producir una elevada dispersión del voto, dando lugar a que cualquier persona que llegue a ser elegida para presidir el Ejecutivo no podrá contar con una bancada parlamentaria, tanto en Diputados como en el Senado, que le permita poder aplicar, vía la producción legislativa, las ofertas o compromisos que se anuncian. A este panorama que se nos presenta para el próximo 12 de abril hay que sumar el grado de influencia que las encuestas tienen en el comportamiento y conducta del votante. Pues, el porcentaje del nivel de “indecisos” nos dice que muchos electores, recién en la cámara secreta de votación, podrán orientar su forma de votar. Lo cual confirma, una vez más, que el llamado “voto informado” dejará de ser usado por el sufragante, para dar paso a otros “instrumentos” que serán los que usarán las agrupaciones políticas para conseguir el apoyo electoral. Las encuestas y sus resultados son de varios tipos, en atención a quién o quiénes son los que contratan los servicios de las empresas que se dedican a la labor de recoger y clasificar la opinión de la población: a. Cuando el contratante es el propio partido que participa en la contienda electoral, el resultado será, en alguna medida, favorable a sus aspiraciones. Pues, es una forma de “satisfacer las pretensiones del cliente”. En consecuencia, la información que se proporciona con el resultado deja de ser veraz e ilustrativa. b. Cuando el grupo de interés que contrata el servicio apoya una determinada candidatura u opción, “usará” el resultado de la encuesta para motivar o incentivar al sufragante indeciso, el cual votará, de seguro, por el que considera puede tener el mayor apoyo; es decir, el ciudadano “vota a ganador”. Por lo tanto, igualmente, la encuesta y su resultado carecen de valor probatorio. c. Y, el tercer tipo, que es el menos usado, y que lo contratan algunos medios de comunicación, los cuales también pueden “tener su corazoncito” orientado a una de las opciones que compiten en la justa electoral; cuando la conducta empresarial de la encuestadora es seria y responsable, puede presentarnos una imagen cierta de la opinión ciudadana, respecto a las diversas candidaturas. Debido a los efectos que pueden generar las encuestas, una vez más, hay que insistir en que, oportunamente, el ciudadano se informe de los antecedentes de los candidatos y de las propuestas de las diversas agrupaciones políticas que los presentan. Es decir, “el voto informado”, promovido por el JNE hace más de tres lustros, asegura que el ciudadano actúe, en el acto de votación, con criterio y responsabilidad.
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