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Ágape cajamarquino

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03.04.2026

Cuando se habla de cultura viva, es decir en movimiento y crecimiento tanto en calidad como en impacto social, se habla, necesariamente, de sus actores. Jhordan D. Atalaya, nacido en 1996 en la ciudad de Cajamarca, es un claro ejemplo de cómo la cultura la hacemos los propios ciudadanos. Es escritor y promotor cultural, así como dueño y fundador de la librería Ágape, la cual, según este columnista, es aquella que más en serio se toma la labor de difusión de libros y cultura en la ciudad del norte andino. “La librería, la abrí en diciembre del 2018 como un proyecto de venta de libros por internet. Pero fue este año que se volvió un espacio físico”, me cuenta. Si bien no se ubica en el centro de la ciudad, Ágape es un polo cultural cajamarquino. Comenzando por el diseño visual de la librería, todo sugiere un innegable afán por la excelencia y un compromiso con el buen gusto. “Los libros que me interesa difundir son de editoriales reconocidas y de alto carácter literario como Cátedra, Anagrama, Visor de Poesía, Zorro Rojo, Edelvives y Plutón, que tienen una una gama extensa de clásicos”. Cuando yo estuve en Ágape, hace tan solo unos días, adquirí un tomo de Camus, así como otros sobre temas espirituales y un interesante recuento de los casos más oscuros del universo hollywoodense, que vio las misteriosas muertes de leyendas como Natalie Wood y Marilyn Monroe. “Los libros que me interesan, son básicamente poesía francesa e italiana, así como novelas, filosofía y ensayos de los clásicos y contemporáneos. Me inclino especialmente por autores como Baudelaire, Rimbaud, Novalis, Lautréamont, y sobre todo, Vallejo.” Sin embargo, más allá de la excelencia de Ágape, rescato el carácter de Jhordan. Seamos honestos: si sostener un espacio de cultura en Lima es una tarea titánica, hacerlo en Cajamarca es aún más difícil. Pero ahí sigue Jhordan, con una importante proyección al futuro. Así, me revela: “Este año lanzaré la editorial, un proyecto que venía gestando desde hace varios años por una inquietud personal, y que hoy cobra mayor sentido tras encontrar a una escritora con una propuesta bella y de gran potencial. La editorial llevará también el nombre Ágape, una palabra que estimo profundamente gracias a César Vallejo. Cuando llegue el momento de editar poesía, algo que aún no está en los planes, tal vez opte por otro nombre.” En tiempos donde la cultura parece concentrarse en pocas ciudades, iniciativas como Ágape recuerdan que el verdadero pulso cultural nace desde la convicción individual. Jhordan no solo vende libros: construye un espacio de encuentro, criterio y sensibilidad en un territorio que exige coraje. Su apuesta editorial es la prolongación natural de ese gesto. No se trata únicamente de difundir obras, sino de crear condiciones para que nuevas voces existan y circulen. En ese esfuerzo silencioso, persistente y profundamente humano, se juega algo más que un proyecto: se juega la posibilidad misma de que la cultura siga viva.

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