Isla de Jark, rehén energético en Irán
La isla de Jark, formación coralina un tercio del tamaño de Manhattan, está a 25 kilómetros de la costa de Irán en el Golfo Pérsico. Diariamente, millones de barriles de petróleo fluyen desde los yacimientos de Irán por oleoductos hasta este bastión conocido como la “Isla Prohibida”, por sus estrictos controles militares. La importancia estratégica de Jark reside en su geografía. Las aguas profundas que la rodean permiten el atraque seguro de superpetroleros, ventaja natural que las costas continentales iraníes no poseen. Ahí se almacena y luego exporta crudo canalizado por la red de oleoductos submarinos desde campos petroleros. La isla gestiona el 90 % de las exportaciones de crudo iraní, punto crítico del mercado global de hidrocarburos, con una capacidad de almacenamiento estimada en 30 millones de barriles. Durante la noche del viernes, un ataque aéreo de Estados Unidos destruyó unos 90 objetivos militares iraníes en la isla de Jark. La operación, ordenada por Donald Trump y ejecutada por el Comando Central, eliminó instalaciones militares, preservando la infraestructura petrolera. La ofensiva fue en respuesta a recientes hostilidades en el Estrecho de Ormuz y las amenazas del régimen iraní contra la navegación internacional. El bombardeo destruyó almacenes de minas navales, búnkeres de misiles y posiciones estratégicas. Trump afirmó que “por decencia” decidió no destruir la infraestructura petrolera, advirtiendo que “si Irán, o cualquier otro, hiciera algo para interferir en el paso libre y seguro de los buques por el Estrecho de Ormuz, reconsideraré esta decisión”. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) anunció nuevas oleadas de ataques contra Israel y objetivos estadounidenses en el Golfo Pérsico. El IRGC afirma haber bombardeado bases estadounidenses con misiles, Al-Dhafra en Emiratos Árabes y Al Udeid en Qatar, su mayor base militar en Oriente Medio. El Ejército iraní aseguró que destruirá “toda la infraestructura petrolera, económica y energética de Estados Unidos” en Oriente Medio si se produce una agresión contra sus instalaciones energéticas. El exgeneral de brigada Mark Kimmitt afirmó que Estados Unidos usa la isla “como rehén”, garantía para obligar a Irán a abrir el paso de barcos por el Estrecho de Ormuz, cuyo cierre disparó los precios del petróleo. Si se ataca esa infraestructura petrolera, “queda claro que Irán atacará infraestructura en Oriente Medio”, advirtió. “Llegado ese punto, los precios del petróleo se dispararán”. Las acciones se desplomaron. El S&P 500 se situó en un mínimo anual, caída del 3,1 % en lo que va del año. Los mercados financieros alcanzaron los 119 dólares por barril de petróleo en medio de la escalada. Los ataques iraníes paralizaron el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo y gas natural del mundo. Irán permite transitar por el estrecho al limitado número de buques petroleros que comercializan en yuanes chinos. Durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980, la isla fue escenario de ataques. Bagdad lanzó bombardeos sobre Jark, paralizando las exportaciones petroleras iraníes. Las instalaciones fueron gravemente dañadas, reconstruidas por Teherán como prioridad estratégica nacional. El ataque a Jark es un peligroso punto de inflexión. Estados Unidos destruyó capacidades militares, usando como amenaza implícita instalaciones petroleras para mantener abierto el Estrecho de Ormuz. Irán responde amenazando con hacer arder la infraestructura energética regional. El mundo observa cómo el petróleo se convierte en arma y rehén del conflicto.
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