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Una elección abierta y un país aún sin decisión

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05.04.2026

El tercer simulacro nacional de CIT deja una certeza y una advertencia. La certeza es que, hoy, no existe una candidatura con capacidad real de imponerse con claridad en la carrera presidencial. La advertencia es todavía más inquietante: el país sigue votando más por descarte, confusión o malestar que por convicción. Los números son elocuentes. Renovación Popular aparece en primer lugar con 13.6% de votos emitidos, seguida muy de cerca por Fuerza Popular con 13.1%. Más atrás se ubican País para Todos con 8.1%, y luego APP y Ahora Nación, ambos con 6%. En votos válidos, la diferencia tampoco marca una hegemonía: Renovación Popular alcanza 17.8% y Fuerza Popular 17.1%, mientras País para Todos llega a 10.5%. Lo que muestra este simulacro no es una tendencia consolidada, sino una competencia fragmentada, donde casi todo sigue por definirse. Sin embargo, el dato más revelador no está en la punta. Está en el enorme bloque de ciudadanos que aún no traduce su descontento en una opción firme. El estudio registra 23.4% de votos blancos, nulos o viciados en la medición presidencial. Es decir, casi uno de cada cuatro electores no se siente representado o no logra decidirse. En una elección tan dispersa, esa masa puede decidir quién entra y quién queda fuera de la segunda vuelta. Hay, además, otra lectura que la política no debería ignorar. El simulacro confirma que el respaldo electoral sigue fuertemente atomizado por regiones. Renovación Popular lidera en Lima con 18% y también encabeza en el norte con 13.1%, mientras Fuerza Popular alcanza 16.9% en el norte y mantiene presencia nacional competitiva. Ahora Nación, por su parte, tiene su mejor desempeño en el sur con 13.6%. El mapa no refleja un país unido en torno a una propuesta, sino una nación partida, con preferencias distintas según territorio y contexto. Más preocupante aún resulta el panorama del Senado. Allí el voto blanco, nulo o viciado llega a 42.1%. Eso revela desconocimiento, apatía o desconexión frente a una elección que será crucial para la gobernabilidad. En ese escenario, las fuerzas con mayor organización partidaria parten con ventaja. No por entusiasmo ciudadano, sino por simple capacidad de movilización. La ficha técnica del estudio indica una muestra nacional de 1,500 ciudadanos, con margen de error de ±2.5% y 95% de confianza, aplicada mediante cédula de votación simulada. Es una fotografía seria del momento, aunque no una sentencia definitiva. Pero basta para advertir algo esencial: el Perú sigue políticamente huérfano. El verdadero problema no es solo quién va primero. El verdadero problema es que, a estas alturas, sigue sin aparecer una candidatura capaz de convocar mayorías, ofrecer certidumbre y restablecer la confianza en la política. Mientras eso no ocurra, la elección seguirá abierta, el voto seguirá siendo volátil y el país continuará caminando hacia las urnas con más dudas que esperanza.

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