Crisis en Camisea nos pone de cara a la realidad y desnuda nuestras carencias energéticas
El pasado 1 de marzo, en el yacimiento de Camisea (distrito de Megantoni, Cusco), desde donde se produce el 96 % del gas peruano, se rompió el ducto principal, ocasionando fuga y deflagración de gas natural (GN) e hidrocarburos líquidos (explosión con llama visible), obligando a suspender su abastecimiento. Se trata de una grave emergencia de seguridad energética, causante de una pérdida estimada de US$ 200 millones diarios, además de largas colas de taxis en grifos, especulación, escasez e incremento de precios, y con un Gobierno sorprendido por la situación. Desde agosto de 2004, en que inició operaciones, Camisea produce GN que transporta desde los lotes 56 y 88, una parte a Malvinas (orillas del río Urubamba) para separar agua e hidrocarburos líquidos y envía, a través de un ducto, a City Gate (punto de recepción en Lurín para distribuirlo a Lima y Callao por ductos subterráneos). Por otra parte, los hidrocarburos líquidos del GN son transportados a la planta fraccionadora de Pisco para fabricar gas licuado de petróleo (GLP), el cual es enviado al Callao por vía marítima en buques fletados por Pluspetrol. Este GLP es la principal fuente energética utilizada en 7 millones de hogares por 28 millones de personas, además de 650 mil medios de transporte, taxis y vehículos livianos (20 % de la flota vehicular). Aunque esta crisis energética es la más grave en los últimos 20 años, en mayo de 2015 también se produjo la rotura de una tubería del lote 88, que obligó a suspender la extracción y traslado de hidrocarburos líquidos a Pisco, interrumpiendo el abastecimiento de GLP por varios días. El GN de Camisea representa el 50 % de la generación eléctrica nacional, pero presenta vulnerabilidad y fragilidad por falta de infraestructura alternativa, al depender de un solo ducto de abastecimiento. Somos el único país gasífero que no construye gasoductos. No tenemos un Plan Nacional de Gasoductos para masificar el GN; su falta obliga a usar gasoductos virtuales (transporte de gas en contenedores por carretera) con precios 30 % más elevados. El problema más grave, y que compromete nuestra seguridad energética a futuro, es que actualmente no existe en desarrollo ningún proyecto de exploración de GN, considerando que el proceso completo hasta su explotación puede durar más de una década. En Camisea tenemos 7 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas que podrían abastecernos alrededor de 14 años; más grave aún es el suministro de hidrocarburos líquidos de GN, que se agotaría en 8 años y es principal insumo para producir GLP.
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