México ante el fracaso de su autosuficiencia energética
México ante el fracaso de su autosuficiencia energética
México enfrenta en 2026 una fragilidad energética que no puede explicarse sólo como un problema de producción de combustibles, sino como el resultado de una estructura industrial envejecida, una demanda creciente y una transición energética todavía lenta. El país consume más gasolina y diésel de los que produce, depende de importaciones para sostener su movilidad, su industria y su logística, y opera con refinerías que arrastran décadas de desgaste. La autosuficiencia energética, presentada con frecuencia como meta política, aparece en este contexto como un horizonte lejano y difícil de alcanzar. México no dejará de importar combustibles en el corto ni en el mediano plazo, y tampoco abandonará completamente la gasolina y el diésel antes de mediados de siglo. Por ello, el desafío principal no consiste en sostener promesas de independencia inmediata, sino en construir una estrategia realista, técnica y de largo plazo.
La situación actual muestra una brecha evidente entre la capacidad nacional de refinación y las necesidades del mercado interno. Las cifras citadas para mayo reflejan que la gasolina regular producida en México cubre apenas cerca de 45% del consumo, mientras que la gasolina premium depende casi por completo del exterior. El diésel bajo azufre, indispensable para el transporte de carga, la industria y el movimiento de mercancías, también requiere importaciones constantes. Esto significa que la compra de combustibles en el extranjero no es un recurso marginal ni temporal, sino un componente central del sistema energético mexicano. Sin esas importaciones, buena parte de la economía nacional enfrentaría interrupciones casi inmediatas.
Pemex y Petrobras, cooperación sin compromiso real
El Sistema Nacional de Refinación es el centro de esta vulnerabilidad. Refinerías como Madero y Minatitlán superan el siglo de operación y funcionan con limitaciones propias de instalaciones muy antiguas. Salamanca, Tula, Cadereyta y Salina Cruz también cargan años de desgaste, rehabilitaciones parciales y modernizaciones insuficientes. Dos Bocas, aunque representa la incorporación más reciente, aún atraviesa una curva de aprendizaje y no ha demostrado una capacidad plena capaz de modificar por sí sola el balance nacional. En conjunto, las refinerías producen lo que........
