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18-O y la cuasi-refundación violenta

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21.10.2026

18-O: Conviene no olvidar que una parte no menor de la izquierda chilena no tuvo vergüenza en presentar como empatía (con el “pueblo”) lo que en realidad era instrumentalización (del “pueblo”): buscaron decididamente deslegitimar la institucionalidad y a quienes habían construido el progreso para imponer un relato servil a su ideario revolucionario. A no olvidar.

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Han pasado siete años y lo que fue evidente entonces sigue siéndolo hoy, píntenlo como lo pinten: aquello del pueblo “despertando” contra una élite villana (o, como diría Jaime Bassa recientemente y vanagloriándose, eso de haber puesto a la “oligarquía contra la pared”), no fue un diagnóstico espontáneo del 18 de octubre de 2019. Fue el caballo de Troya de la izquierda radical para asaltar la institucionalidad chilena.

La brutal violencia callejera —estaciones de Metro quemadas de manera simultánea, saqueos, incendios intencionales a edificios y monumentos, destrucción dolosa de la propiedad pública y privada, ataques a carabineros, comisarías, barricadas y la suspensión de la vida cotidiana— se convirtió rápidamente en el ethos de la protesta. Y ello no ocurrió como un efecto colateral indeseado, sino como el vehículo que permitió instalar un relato maniqueo y, con él, una agenda refundacional.

Decirlo así no es “reducir” el fenómeno a la violencia, como muchos intentan argüir hoy. Es simplemente decir las cosas tal y como fueron y conviene hacerlo para que no se nos olvide. Quien olvida su historia está condenado a repetirla.

Desde el primer día, actores de la oposición justificaron o relativizaron los hechos. El Estado de Emergencia, contemplado........

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