La Caja de Bombones. Por Cristóbal Bellolio
La estrategia inicial de “inundar la zona” estaba dando resultados. La oposición estaba groggy, sin saber a qué blanco disparar —llegaron a quejarse porque la primera dama no servía la comida con guantes—. Pero la contingencia obligó a ajustar los planes. Este es un bombón amargo, pero no intragable. Kast puede insistir en que lo suyo es el carácter para tomar decisiones difíciles pero necesarias.
La vida es como una caja de bombones, decía Forrest Gump: nunca sabes lo que te va a tocar. Gobernar es parecido. Se pueden hacer planes, escoger ejes y diseñar estrategias, pero la agenda cambia de un día para otro, y obliga a rehacerlo todo: nuevos planes, nuevos ejes, nuevas estrategias.
Nadie padeció mejor esta verdad que el expresidente Gabriel Boric. La generación frenteamplista que pasó de la calle a La Moneda en apenas una década construyó su identidad política en torno a los derechos sociales y el feminismo. Sin embargo, apenas llegó al poder, la agenda se desplazó porfiadamente hacia la seguridad y la economía, dos conceptos -hasta entonces- ajenos al repertorio retórico del joven progresismo.
Hoy lo experimenta el presidente José Antonio Kast. Lleva años hablando de orden público y recuperación económica, y los chilenos lo eligieron precisamente para hacerse cargo de esas prioridades. Pero el escenario internacional se desordenó, y una guerra inesperada en el otro lado del mundo le impone estrecheces fiscales que lo empujaron a tomar una decisión profundamente impopular, hoy instalada en el centro de la agenda.
En lugar de estar cavando zanjas en el norte o persiguiendo etnoterroristas en el sur, como le habría gustado, Kast se ha pasado los últimos días dando explicaciones por una medida que la ciudadanía —y ni hablar de sus propios........
