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La tierna sonrisa amarilla de Boric y el golpe de astucia de Bachelet

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10.10.2026

El expresidente recibió otro shock de realidad: Michelle Bachelet dijo “creo que sí”. Dos veces. Ahí Boric cayó en cuenta que había cometido el pecado más grave de un político: ser ingenuo. Creyó que la expresidenta estaría feliz de ser su generalísima. Como si tuviera vocación de jefa de campaña ajena. Como si una persona que se desvivió en el intento de comandar la ONU (¡la ONU!) pudiera perder su ambición de un día para otro.

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En 1981, Jacques Séguéla tomó a François Mitterrand, un político frío, calculador y coleccionista de derrotas, y lo convirtió en el abuelo sabio de la Francia profunda. Le puso un campanario de fondo y un eslogan: “La fuerza tranquila”. Mitterrand ganó.

Maquiavelo -que no es maquiavélico, sino lúcido- lo había enseñado cinco siglos antes. Al príncipe no le hace falta tener virtudes. Le basta con parecer que las tiene.

Eugenio Tironi es un gurú de las comunicaciones al que muchos políticos y empresarios le deben mucho por sus consejos. Leyó al florentino y conoció al francés, aunque con este último no se querían mucho.

El problema es que con Gabriel Boric se le pasó la mano.

Su gran apuesta fue ponerlo en la misma liga de Aylwin. Así, sin anestesia. Lanzó la tesis de que la moderación de Boric, tras su derrota en el plebiscito constitucional, sería pariente de la transición que condujo el primer presidente tras la recuperación de la........

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